PIER PAOLO PASOLINI (1922–1975): Uno de los personajes más relevantes de la cultura europea de la segunda mitad del siglo XX. En todos los campos en los que se prodigó (poesía, novela, director y guionista de cine, ensayo, crítica cultural y social), su obra constituye un punto de referencia ineludible. Más conocido fuera de Italia por sus películas que por sus obras, Pasolini, que siempre se consideró poeta antes que cualquier otra cosa, fue un autor prolífico cuya carrera quedó truncada en 1975 al morir asesinado violentamente.        

Nació en Bolonia en 1922, la ciudad más tradicionalmente de izquierdas de toda Italia, aunque su familia era originalmente del Friulí, una región en el noreste del país donde se habla el friulano, el idioma local. Pasolini, sin embargo, desarrolló buena parte de su obra en el más crudo tono y expresión de los mendigos y delincuentes de los suburbios romanos.

Estudió historia del arte y literatura en Bolonia y trabajó como profesor desde 1943 hasta 1949. Su primer libro Poesia a Casarsa, una colección de poemas, apareció en 1942. Desde joven, Pasolini se afilió al Partido Comunista Italiano aunque fue expulsado por su homosexualidad abierta y reconocida. A pesar de semejante contradicción, Pasolini siempre se consideró un comunista hasta el momento de su muerte.

En 1950 se trasladó a Roma, donde escribió poemas y novelas sobre los barrios bajos y obreros de la capital. Sus dos novelas Chicos del arroyo (1955) y Una vida violenta (1959) le consagraron como novelista. En los años 50 inició sus vínculos con el mundo del cine, trabajando como actor y guionista. Su primera película como director la rodó en 1961, Accatone, una revisión de su propia novela Una vida violenta que narraba la vida de una prostituta en Roma. El tema de la prostitución, una obsesión en la vida de Pasolini, continuó con su sentido “homenaje” a la genial actriz Anna Magnani, en la película Mamma Roma (1962) donde el retrato de los bajos fondos romanos resultaba excepcionalmente real. La fama internacional le llegó a mediados de los años 60 y en los 70 con una sucesión de films de gran impacto: El Evangelio según San Mateo (1964), una revisión directa y atrevida del Nuevo Testamento; Teorema (1968) el retrato de una familia burguesa; El Decameron (1971), Los cuentos de Canterbury (1973) y Las mil y una noches (1974), estos 3 últimos films basados en historias medievales que glorificaban la sexualidad inocente y el placer.

Para algunos de los papeles en sus películas, Pasolini requería los servicios de actores no profesionales y siempre intentaba combinar el realismo, con conceptos revolucionarios, sexo, violencia y sadismo. Muchas de sus películas tienen una rara belleza inclasificable, que le ganó su reputación radical entre amigos y enemigos. Sin embargo, su carácter “católico marxista”, tal como se autodefinía él mismo, le supuso una cierta impopularidad entre sus propios compañeros de izquierdas (por ejemplo, Pasolini siempre estuvo en contra de la ley del aborto y de las revueltas estudiantiles de la época). Desde Porcile - (Pocilga) (1969), sus películas fueron cada vez más controvertidas. Su último film, Salo o los 120 días de Sodoma (1975) relacionaba el fascismo con el sadismo en el entorno de los últimos años de la 2ª Guerra Mundial en Italia. El 2 de noviembre de 1975 su cuerpo apareció muerto en un vertedero de la ciudad costera de Ostia, en las cercanías de Roma. En 1976 un joven chapero fue juzgado y sentenciado como culpable de su asesinato.

 

 

 

 

 

CANTO 1

 

No es de mayo este impuro aire
que el oscuro cementerio extranjero
hace aún más oscuro, o lo ilumina

con ciegas claridades...este cielo
de babas sobre techos amarillentos
que en semicírculos inmensos velan

las curvas del Tíber, los turquesas
montes del Lacio... Expande una mortal
paz, desamorada como nuestros destinos

entre las viejas murallas el otoñal
mayo. En él está el gris del mundo
el fin del decenio en el que nos aparece

entre las inmundicias concluido el profundo
e ingenuo esfuerzo de rehacer la vida,
el silencio, putrefacto e infecundo...

Tú joven, en aquel mayo en que el error
significaba aún la vida, en aquel mayo italiano
que a la vida agregaba al menos ardor,

por lo menos despreocupado e impuramente sano

de nuestros padres-no padre,

pero humilde hermano- con tu flaca mano
dibujabas el ideal que ilumina

(pero no para nosotros: tú muerto, y nosotros
muertos igualmente, contigo, en el húmedo
jardín) este silencio. No puedes,

lo ves? que descansar en este lugar
extraño, aún confinado. Tedio
patricio te rodea. Y desteñido

sólo te llega algún golpe de martillo
de los talleres del Testaccio aquietado
en el atardecer entre miserables techos, desnudos

montones de lata, hierros viejos, donde
canta inútilmente un muchachón que concluye
su jornada, mientras alrededor la lluvia cesa.

 

 

 

 

CANTO 2

 

Entre los dos mundos, la tregua en la cual no estamos.
elecciones, abandonos, otros sonidos no tienen
que éstos del jardín acongojado

y noble, en el que el tenaz engaño
alentaba la vida, queda en la muerte.
Los círculos de los sarcófagos no hacen más

que mostrar la sobreviviente suerte
de gente laica de laicas inscripciones
en estas grises piedras, cortas

e imponentes. Aún de pasiones
sin freno sin escándalo han ardido
los huesos de los poderosos de naciones

más grandes: silban, casi nunca desaparecidas
las ironías de los príncipes, de los pederastas
cuyos cuerpos están en las urnas esparcidos

ya cenizas y no aún castos
.
Aquí el silencio de la muerte es fe
de un civil silencio de hombres permanecidos

hombres, de un tedio que en el tedio
del parque, discreto cambia: y la ciudad
que indiferente, lo confina en medio

de tugurios y de iglesias, sacrílego en la piedad
allí pierde su esplendor. Su tierra
plena de ortigas y verdores alimenta

esos flacos cipreses, esta negra
humedad que mancha los muros alrededor
de los flacos entrelazamiento de los tallos, que el anochecer

apaga serenando desnudos
olores de alga...este pasto débil
e inodoro, donde se hunde violeta

la atmósfera, con un temblor de menta
o heno podrido, y quietamente anuncia
con diurna melancolía, la apagada

trepidación de la noche. Áspero
de clima, dulcísimo de historia, está
entre estos muros el suelo que suda

otro suelo; esta humedad que
recuerda otra humedad; y resuenan
familiares de latitudes y

horizontes donde inglesas selvas coronan
lagos perdidos en el cielo, entre praderas
verdes como billares fosfóricos o como

esmeraldas: "and O ye Fountains..." las piadosas
invocaciones.


 

 

CANTO 3

 

Un trapo rojo como aquel
enroscado en el cuello de los partisanos
y cerca de la tumba, sobre el terreno calcinado

diferentemente rojos, dos geranios.
Allí yaces, señalado con adusta elegancia
no católica, en el elenco de los extraños

muertos: Las cenizas de Gramsci... A la esperanza
y a la vieja desconfianza te acerco, caminante
sin rumbo en esta flaca tierra, frente

a tu tumba, a tu espíritu apresado
acá entre estos liberados (O existe algo
diferente, quizás de mayor éxtasis

y también de mayor humildad, ebria simbiosis
adolescente de sexo y muerte...)
y desde este país en el que no tuvo descanso

tu alerta, percibo qué error
aquí en la quietud de las tumbas- junto
a qué razón -en el inquieto destino

nuestro- tuviste escribiendo las supremas
páginas en los días de tu asesinato.
Aquí para testimoniar el semen

aún no esparcido del antiguo dominio,
estos muertos aferrados a una posesión
que ahonda en los siglos su abominación

y su grandeza: y al mismo tiempo obsesión
esa vibración de yunques, sordamente
sofocada y profunda- del humillado

barrio-para verificar el fin.
Y heme aquí...pobre, vestido
con ropas que los pobres espían en las vidrieras

de chillón fulgor, y que han perdido
la suciedad de perdidas calles
de los bancos de tranvías que vuelven

confuso mi día: mientras siempre más raras
son estas vacaciones, en el tormento
de mantenerme vivo; y si me ocurre

de amar el mundo no es más que por un violento
e ingenuo amor sensual
así como, confundido adolescente, en una época

lo odié, si me hería el mal
burgués a mi burgués: y ahora, dividido
-contigo- objeto parece

de rencor y sí casi de místico
desprecio, la parte que tiene el poder?
sin embargo sin tu rigor, subsisto

porque no elijo. Vivo en la apatía
de la eclipsada postguerra: amando el mundo que odio- su miseria

despreciable y perdida- por un oscuro escándalo
de la conciencia...

 

 

 

CANTO 4

 

El escándalo de contradecirme, de estar
contigo y contra ti; contigo en el corazón
a la luz, contra ti en las oscuras vísceras;

de mi paterno estado traidor
en el pensamiento, en una sombra de acción-
me sé a él aferrado en el calor

de los instintos, de la estética pasión;
atraído por una vida proletaria
anterior a ti, es para mí una religión

su alegría, no su milenaria
lucha; su naturaleza, no su
conciencia; es la fuerza originaria

del hombre que en el acto se ha perdido
que da a la ebriedad de la nostalgia
una luz poética; y más

no sé decir que no sea
justo pero no sincero, abstracto
amor, no profunda simpatía...

Como los pobres, pobre, me aferro
como ellos a humillantes esperanzas,
como ellos por vivir lucho

cada día. Pero en la desolada
condición mía de desheredado
yo poseo: y es la más exultante

de las posesiones burguesas, el estado
más absoluto. Pero como yo poseo la historia
ésta me posee: me ha iluminado

pero para qué sirve la luz?

 

 

 

CANTO 5

 

No menciono al individuo, al fenómeno
de ardor sensual y sentimental
y de hábitos, otro es el nombre

y la fatalidad de su pecar.
Pero en él mezclados como comunes
vicios uterinos, y como

preciso el pecar! No son inocentes
los internos y extremos actos, que lo hacen
encarnarse a la vida, y por ninguna

de las religiones que en la vida están,
hipoteca de muerte, instituidas
para engañar la luz, para dar luz al engaño.

Destinados para ser sepultados
sus despojos en el Verano, es católica
su lucha con ellas: jesuíticas

las resistencias con que dispone el corazón
y aún más adentro; tiene bíblicas astucias
su conciencia...e irónico ardor

liberal... y torpe luz, entre los disgustos
de dandy provincial, de provincial
salud...Hasta los mínimos detalles

con que se desdibujan, en el fondo animal
Autoridad y Anarquía...bien protegido
por la impura virtud y por el ebrio pecar,

defendiendo con ingenuidad de fanático
con mucho entusiasmo !Vive el yo :yo
vivo, eludiendo la vida, teniendo en el pecho

el sentido de una vida que signifique el olvido
profundo, violento...Ah como
entiendo, mudo en la fraternal caricia

del viento, aquí donde permanece muda Roma
entre los cipreses cansadamente sacudidos
cerca de ti, el alma de la que el grafito susurra

Shelley... comprendo ahora el remolino
de sentimientos, el capricho(griego
en el corazón del patricio, nórdico

viajero) que lo tragó en el ciego
celeste del Tirreno, la carnal
alegría de la aventura, estética

y pueril, mientras yaciendo Italia
como dentro del vientre de una enorme
cigarra, abre los blancos laterales

esparcidos en el Lacio con veladas muchedumbres
de pinos barrocos, de amarillentos
espacios la radicha donde duerme

con el miembro hinchado entre jirones un sueño
goethiano, el joven pastor romano...
En la Maremma, oscuros, de soberbias cuevas

de hierbas, entre las que se destaca claramente
el almendro, por los senderos que la huella
de su juventud colma ignorando.

Ciegamente perfumadas en las secas
curvas de Versilia, que sobre el mar
enroscado, ciego, las tersas pinceladas

de los encastres leves de su pascual
campaña enteramente humana
expone, oscurecida en Cinquale

desovillada bajo la tórrida Apuana
los azules vítreos sobre el rosa...De escollos,
rotos, sacudidos, como por un pánico

de fragancia en la Ribera, blandura
ríspida donde el sol lucha con la brisa
para dar suprema suavidad al aceitoso

mar...Y alrededor zumba alegremente
el exterminado instrumento de percusión
del sexo y de la luz: así acostumbrada

está Italia que no tiembla, como
muerta en vida: gritan con ardor
desde cientos de puertos el nombre

del compañero y los jóvenes sudorosos
en la oscuridad del rostro, entre gente
de la ribera, en los huertos de cardos en sucias playas...

Me pedirás tú, muerto descarnado
abandonar esta desesperada
pasión de estar en el mundo?

 

 

 

 

CANTO 6

 

Me voy, te dejo en el atardecer
que aunque triste, tan dulcemente desciende
para nosotros los vivos, con la luz de vela

que al barrio en penumbra descubre.
Y lo desordena. Lo hace aún más grande, vacío
más amplio y lejano, lo enciende

de una vida inquieta, y del ronco
rodar del tranvía, de los gritos humanos
dialectales, conjuga un concierto sordo

y absoluto. Y sientes cómo en aquellos lejanos
seres que en la vida gritan, ríen,
en aquellos sus vehículos, en aquellos tristes

caseríos donde se consume el infiel
y expansivo don de la existencia-
esa vida no es más que un temblor,

corpóreo, colectiva presencia;
sientes la ausencia de toda religión
verdadera, no vida sino sobrevivencia

-quizás más dulce que la vida- como
de un pueblo de animales, en el que el misterioso
orgasmo no tenga otra pasión

que la del actuar cuotidiano:
humilde fervor a la que da sentido festivo
la humilde corrupción. Cuanto más vano es

en este vacío de la historia, en esta
ronroneante pausa en la que la vida calla-
todo ideal, mejor se manifiesta

la estupenda, adusta sensualidad
casi alejandrina, que todo lima
e impúdicamente enciende, cuando acá

en el mundo algo se derrumba, y se arrastra
el mundo, en la penumbra al volver
a plazas vacías, a talleres sin entusiasmo...

Ya se encienden las luces, ribeteando
vía Zabaglia, vía Franklin, todo el
Testaccio, despojado de su gran

escuálido monte, los caminos a lo largo del Tíber, la negra
profundidad, más allá del río, que Monteverde
amasa o esfuma invisible sobre el cielo.

Diademas de luces que se pierden
brillantes y frías de tristeza
casi marina...Falta poco para la cena;

brillan los pocos ómnibus del barrio
con racimos de obreros en las puertas
y grupos de militares van, sin apuro

hacia el monte que cobija en medio de montones
sucios y muchos cestos de basura
a la sombra, subrepticias mujerzuelas

que esperan ansiosas sobre la basura
afrodisíaca; y no lejos, entre casillas
abusivas a los costados del monte, o en medio

de las casonas, como mundos, muchachones
livianos como jirones juegan en el aire
no ya frío, primaveral; ardientes

de desenfado juvenil su romana
tarde de mayo, oscuros adolescentes
silban por la calle, en la fiesta

vespertina; y estruenden las persianas
de los garages de golpe, alegremente
si la oscuridad vuelve sereno el atardecer,

y en medio de los plátanos de la plaza Testaccio
el viento que cae en lenguas de tempestad
es muy dulce, aunque afeite los sombreros

y los olores del matarife, se odorice
con sangre putrefacta, y por doquier
sacuda rechazos y olor de miseria.

Es un murmullo la vida, y estos perdidos
en ella, la pierden serenamente
si el corazón tienen colmo de ella: a gozar

he los miserables, el atardecer; y potente
en ellos, inerme para ellos, el mito
renace...Pero yo con el corazón consciente

de quien solamente en la historia tiene vida
podré alguna vez por pura pasión actuar
si sé que nuestra historia ha concluido?