FUEGO MORTAL
Alejandro Lavquén (Santiago, 1959)

A Eduardo Miño

El mediodía y el desgarro mortal,
el fuego y la indiferencia
como muchas muertes
dentro de una sola muerte.
Ardió como un hombre sin identidad
frente al Palacio de Gobierno,
sin sombra ni pan en los bolsillos.
Su alma inmensa de humanidad,
se fue de viaje hacia
donde otros hombres murieron antes.
Ardió como la erupción de la tristeza
en los vestigios del que nunca tuvo nada.
Se marchó solitario de soledad
y con los dientes apretados
de rabia e impotencia,
con la esperanza y la tragedia
entre sus manos.