CANTO AL ÁNGEL CAÍDO

Por David Bustos

Me atrevo a afirmar que Sacros Iconoclastas, del poeta Alejandro Lavquén (1959), es lo mejor que nos ha ofrecido desde su primera publicación (Canto de una Década, 1981). Esto también quizás ayude a confirmar la premisa del poeta argentino Leónidas Lamhorghini, que dice que antes de escribir hay que publicar.

La literatura tiene distintos grados de urgencia, la poesía escrita con premura no siempre arroja buenos resultados, subrayo lo de źno siempre arroja buenos resultados porque hay casos singulares y excepcionales, sin ir más lejos el de Manuel Silva Acevedo, autor del poemario Lobos y ovejas (1976) que fue escrito (según el poeta) de una sola sentada y que es quizás el libro más emblemático de su conocida trayectoria. La idea de la urgencia, entonces, ha perdido relación con la calidad del o los textos. Siempre hay excepciones a la regla, basta con recordar que J. Joyce para escribir Ulises tardó 15 años.

Digo todo esto, pensando que Sacros Iconoclastas (Mosquito ediciones, 2004) de Lavquén es, a mi parecer, el primero de sus libros, considerando que los textos anteriores (Atardeceres y Alboradas, La libertad de Pérez, El hombre Interior, etc.) tienen más bien aires de poesía ocasional y por lo tanto de escasa profundidad y repercusión.

Sacros Iconoclastas, a diferencia de los intentos poéticos anteriores, no se estanca en ese lirismo frugal y advenedizo, ahora éste se ha tensado, dando un paso adelante en su profundidad y sensibilidad para proponernos un texto poético que tiene varios grados de lecturas. El poema XVI, quizás sea un buen ejemplo de cómo el sujeto lírico esculpe materiales aparentemente disímiles (mitología griega, poesía social o crónica roja) condensándolo de esta manera: "De la mano ensangrentados/ los ancianos sobre el lecho. / Dos tazas de té aún humeantes./ Cuentas de agua y luz/ ahogadas en el piso./ Las enfermedades dolor/ de la pobreza y Esculapio/ prisionero de los mercaderes/./ Un pacto de amor. Dos balas y el derecho/ de sus sombras al país de los Hiperbóreos, / donde Admeto y Alcestes los esperan/ con la mesa servida". El autor ocupa el caso de Juan Beltrán y Blanca Jiménez (según explicación a modo de epígrafe del autor) ambos esposos, ya ancianos, que se suicidaron abrumados por su pobreza. Por otro lado Admeto y Alceste serían las figuras arquetípicas que ocupa el sujeto para unir estos dos estratos (mitología griega y crónica roja). Admeto es rey de Tesalia y uno de los argonautas, que fue informado por Apolo que lograría la inmortalidad si encontraba a alguien que se ofreciera a morir en lugar de él. Alceste amante esposa de Admeto ofreció su vida por él y descendió al Averno siendo rescatada por Hércules.

Sacros Iconoclastas va tomando elementos o hilos arquetípicos de La tragedia griega y los va hilvanando con la crónica roja o la poesía social.

Por eso no es extraño ver a las etnias del mundo al lado de Zeus o Ares o 120 Santa Rita y Ganímedes en un mismo poema. En este afán del autor no hay sólo un voluntarismo de hibridez de combinar registros distintos, sino una clara conciencia, un conocimiento de la tragedia, de las lecturas y relecturas de Eurípides, Sófocles y Esquilo como para poder articular con acierto este procedimiento poético que tiene un frescor de belleza irreal. Digo irreal, porque Lavquén desmonta de la mitología griega lo que necesita, lo mismo que con sus preocupación políticas-sociales, y lo vacía en un nuevo elemento de contenido distinto a los orígenes de los cuales se nutre.

La última parte del libro está compuesta por un extenso poema escrito en prosa que se titula "Satángel". Un poema seudo filosófico de tono grandilocuente (veces Rokhiano, veces Nietzchiano) que funciona independiente del conjunto de poemas que lo precede y que a primera vista parece un añadido, pero está totalmente justificado desde el punto de vista de la tragedia (la lucha contra un destino inexorable, el conflicto con el poder y el tono grandilocuente). "Satángel", es realmente la voz de Sacros Iconoclastas, el ángel caído, el paraíso perdido; aquí Lavquén nos entrega lo que creo cumbre del libro, resuelto, con un manejo ágil de la prosa y con imágenes reveladoras. ┐Quién es este Satángel? Dejemos que nos hable el autor: "Me han llamado azufre/ y me han llamado miedo,/ más soy la ciencia y la libertad".

Bachtin dice acerca del artista de la palabra, que tiene como fin último superarla, pues el objeto estético crece en las fronteras del lenguaje. Sacros Iconoclastas es el mejor ejemplo de este desborde, para Lavquén, que en sus principios líricos se centró en el centro agotado de los sentidos y ahora muestra una clara intención de riesgo, una propuesta que sin lugar a dudas le saca varios pasos de ventaja a lo que anteriormente había publicado, y que en consecuencia asoma con fuerza e interés dentro del panorama de los libros de poesía publicados este año 2004.