DOS PÁJAROS DE UN TIRO

Por Fernando Espinoza

El Supraalmirante no pudo ocultar una sonrisa, mientras se retiraba con paso marcial de la oficina principal del palacio. A la salida de La Moneda fué instantáneamente abordado por una nube de periodistas que esperaban para reportar acerca de su visita al Capitán General, pero él, limitándose a sonreír, se escabulló rápidamente en dirección al auto que le esperaba con el motor encendido; los reporteros, mientras le fotografiaban con esa cara radiante, pensaron que el alto oficial de la marina de los Estados Unidos de Norteamérica sólo hacía muestras de su cortesía natural e interpretaron que esa expresión hablaba del excelente nivel de relaciones existentes entre los dos países.

En su oficina, el general temblaba. Sostenía entre sus manos la carpeta azul oscuro, con el sello oficial del gobierno yanki, de la que sólo debían existir además de esa, una o dos copias, todas catalogadas como Top Secret y en manos de los más altos funcionarios del mismo... ¿o quizás solamente en las del presidente?... En ella se describían al detalle las informaciones que los servicios de inteligencia del gran país del norte habían recopilado y que constituían la prueba más importante que él nunca había tenido sobre los planes del "comunismo internacional" en su contra.

Armas, miles de armas que ya estaban ingresadas en el país. Armas que servirían para que en las siguientes semanas se redoblasen y extendiesen por todo Chile las acciones que buscaban entorpecer su gobierno. Sus amigos norteños le habían entregado esa preciosa información detallando incluso los lugares en donde estaban escondidas la inmensa mayoría de esas armas. No había nada que decir: ¡Estos americanos sí que saben enterarse de todo lo que se mueve en el mundo!

El general temblaba también de miedo. No habría sospechado jamás de la envergadura de estos planes del enemigo que los yankis acababan de entregarle tan confidencialmente. Indudablemente su gobierno estaba en peligro: de no haber sido por ellos, su propio servicio de inteligencia no los habría conocido a tiempo; la operación descubierta nunca había sido contemplada ni siquiera como una remota posibilidad por sus oficiales más preparados. Tampoco los últimos detenidos habían aportado indicios de ella en las sesiones de tortura a que habían sido sometidos.

Tratábase de una operación militar de muy alta complejidad, organizada internacionalmente, plena de recursos, inteligencia y audacia, pero que no había pasado desapercibida para la sofisticada técnica de información satelital de los americanos, siempre escudriñando el cielo y la tierra. Ellos sí que estaban siempre vigilantes, siempre alertas de todo, por todas partes... ¿Estarían en estos mismos momentos espiándole incluso a él también?...

En la carpeta había una colección de fotos tomadas desde algún satélite, sorprendentes por la calidad, que mostraban navíos de distinto tamaño aparentemente navegando en faenas propias de barcos pesqueros, acercándose, intercambiando carga, alejándose... Pero los barcos eran chilenos, de una parte, y cubanos de la otra; en ningún caso podía aquello tratarse de una inocente y rutinaria operación de pesca.

Estaba asimismo fotografiada la ruta de regreso a las costas chilenas del navío que recogiera la peligrosa carga en alta mar; el trasiego realizado hacia botes más pequeños; el puerto de llegada; los sitios en donde se había escondido la mercadería a la espera de su destino final... Cada foto con la hora y el día y otras cifras que quedarían incomprensibles para él.

1986 era, como decían sus enemigos, el "Año Decisivo"... ¡Pues sería decisivo para ellos!... ordenaría inmediatamente a sus oficiales preparar la detención de los grupos implicados, daría sensacionales conferencias de prensa, exhibiría espectacularmente las armas y a sus presas capturadas y derrotadas, acusaría a diestra y siniestra a sus opositores de complicidad, etc. Demostraría finalmente que en Chile no se movía ni una hoja sin que él se enterara...

Pero los americanos, mientras le confiaban la carpeta, habían insistido otra vez a la pasada, por boca del Supraalmirante, como antes lo hicieran en varias ocasiones por la del embajador acreditado, que él podría hacer gestos concretos para acortar su estancia en el gobierno, dada la conveniencia de pasar cuanto antes a otra fase, esta vez "civil"... pues sólo así se tranquilizarían definitivamente los caldeados ánimos populares y Chile podría continuar en la senda del desarrollo iniciado gracias a su esfuerzo... que bastaría para ello establecer un sistema "democrático" de transición muy bien protegido, que encauzaría las demandas sociales reprimiéndolas cuando y como llegara el caso, haciéndole creer mientras tanto a la gente que con ejercer el "derecho a voto", estarían gobernando: una "democracia" con la Ideología de Seguridad Nacional incorporada camufladamente...

Pero era que los americanos no terminaban de comprender que él, quién se había puesto a la cabeza del movimiento por aplastar el comunismo en Chile y en todo el hemisferio sur, él, el Cóndor Número 1, no podía retirarse así no más y cederle el gobierno a alguno de los antiguos politiqueros que atropellándose, hacían cola esperando que diera vuelta la espalda para abalanzarse sobre su obra levantada. Odiaba no solamente a los comunistas sino en medida similar despreciaba a esos políticos de carrera, de clase, que con palabras rebuscadas y lisonjeras, arrastraban a las masas insconcientes tras sus ofertas oportunistas. El era un militar y como tal él sabía que esos civiles no tendrían la garra necesaria para gobernar... esa era una tarea de militares y de unos cuantos empresarios inteligentes... ¿Acaso no sabían eso los yankis que cada cuatro años hacían la farsa de elecciones... y saliera quien saliera, nada cambiaba, siempre con el control estratégico de la política y la economía en manos de los militares y los empresarios mas poderosos?

Quería ver su nombre escrito indeleblemente en la historia como el general que supo derrotar al comunismo internacional y traer prosperidad a su país; se retiraría en el momento de su muerte... en medio de funerales como nunca se habían visto en Chile...

Exactamente eso mismo pensaba el Supraalmirante mientras regresaba de su misión en el Biscayne oficial -de un sobrio y anodino color gris oscuro pero dotado de blindaje y de sistema de comunicación y posicionamiento satelital- a la sede de la embajada... funerales dignos de un jefe de estado excepcional y necesario en su momento... y un estorbo hoy día, como era Pinochet; tres o más días de duelo y después a seguir adelante apoyando con todo y aprovechando todo lo que se pudiera el nuevo período promisorio que se avecinaba para Chile.

La sonrisa del oficial americano no abandonaba su rostro y no era para menos: él sabía muy bien cómo el Capitán General estaría en esos momentos disfrutando de las informaciones que venía de entregarle; le imaginaba planeando los pasos siguientes con su ego redoblado, preparándose para recibir todo el mérito de las próximas detenciones...

Pero él sabía también lo poco que le duraría al Capitán General su actual estado de euforia. Bajo sus mangas de Supraalmirante se había guardado parte de la información, la parte más importante del todo. Esa información que sólo conocía él y sus superiores en el Pentágono, absolutamente clasificada hasta para el Señor Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, no fuera a ser cosa que el señor presidente comentara y...

En pocos días más la situación chilena daría un viraje completo y no era cosa de descuidar los pasos o permitir infidencias contraproducentes... él, como militar de experiencia, no cometería ningún error y tampoco permitiría que los que eran su entorno lo hicieran... el propio embajador Barnes acreditado en Santiago se enteraría en el momento que lo que iba a pasar sucediese... ya se le comunicaría a este lo que debía declarar oficialmente. Así eran de precisas y estrictas sus instrucciones.

Así se debía ser cada vez que se descubre los planes del enemigo: se tiene que proceder en silencio, con astucia, frialdad, e implacablemente. El había aprendido a ser así desde su juventud, cuando fuera el estudiante más destacado en una de las prestigiosas academias militares norteamericanas y luego había aplicado inexorablemente esos conocimientos al servicio de su país cuando lo de Vietnam... Vietnam... Vietnam...

Se les presentaba ahora providencialmente la oportunidad dorada de deshacerse del estorbo Pinochet limpiamente. Tenían en sus manos, bajo control, la posibilidad de lograr su eliminación física sin que nadie sospechara de la "mano americana"... no sucedería ahora como les había pasado cuando lo del "accidente aéreo" del panameño Torrijos...

Los servicios de inteligencia norteños habían detectado "movimientos extraños" desde hacía un tiempo en los círculos allegados a diversas estructuras del Partido Comunista chileno: Ya no sólo eran las acostumbradas declaraciones de condena a Pinochet o el trabajo de hormigas reconstruyendo la organización, sino que todo indicaba que preparaban algo más serio. Hablaban del año 1986 como "el año decisivo" y habían tensado a todos sus cuadros para trabajar redobladamente en esa dirección en los diferentes frentes internos y externos... algo gordo se tenía que estar incubando...

Y así fué que la vigilancia especial y rigurosa que se les dedicaba había dado sus frutos cuando los sistemas de detección satelital enfocados en el área del Pacífico y que eran ocupados primordialmente en informar los movimientos de envíos de droga desde Bolivia, habían detectado extrañas idas y venidas que no tenían relación con los grupos de traficantes internacionales que operaban en América del Sur: Barcos cubanos, sospechosamente cerca de las aguas chilenas... ¿Qué estaban haciendo esos barcos por esos derroteros, tan lejos de sus lugares tradicionales de pesca?. Siendo cubanos, evidentemente "algo" muy diferente a pescar... Cuba... Cuba... Cuba...

El llamado Comando Sur no era una ficción, ni existía en las noticias sólo durante las formales "Operaciones Unitas", que año tras año mantenían subordinadas a la conducción yanki a todas las fuerzas navales miniatura latinoamericanas, haciéndoles creer a estas que eran "imprescindibles" para el control del océano en el caso que hubiera que enfrentar un supuesto "ataque soviético"... El Comando Sur era parte de la estrategia político/militar estadounidense destinada a controlar integralmente los países de la región; era la punta del iceberg que se encargaba de mantener subordinadas fielmente a las FFAA sureñas, ofreciéndoles "cursos de capacitación" en contrainsurgencia y tortura en la Escuela de las Américas; prendiéndoles cada cierto tiempo en sus uniformes, relucientes condecoraciones sin méritos ni honor; regalándoles de vez en cuando o vendiéndoles barato armas de desecho. Todo ello demostró su efectividad cuando se hizo necesario contener el avance de las luchas populares en la región: la inmensa mayoría de esos ejércitos latinoamericanos respondió con fidelidad y obediencia sumisa al "amigo norteño" presentando a sus "mejores" oficiales como los dictadores de turno necesarios para dar la cara y hacer el trabajo sucio. Hacía tiempo ya que los americanos tenían así cimentado un verdadero "Plan Cóndor", que controlaba lo que se movía en la región... plan no sólo tendiente a elevarles el ego a los dos o tres dictadores de turno... ¡Qué se creía ese Pinochet con sus ínfulas de Cóndor 1!... ¡Cóndor 1, qué nombre!... ¡si después de todo el cóndor no pasaba de ser sino una vulgar ave carroñera en comparación con la gallarda águila americana!

En América Latina la "Operación Blast Furnace", el "cóndor americano" funcionaba como reloj suizo bajo la dirección directa del Comando Sur y de algunas de las cabezas más brillantes del Pentágono y lo iba a seguir haciendo por mucho tiempo más.

La estrategia político/militar de los americanos era integral, sistemática e implacable; no obedecía a consideraciones precipitadas tomadas de momento, era la aplicación de la ideología del destino manifiesto, impulsada por los círculos que controlaban lo que sucedía dentro del gran país del Norte y asimismo su implementación en el resto del planeta. Podrían cambiarse los presidentes estadounidenses cada cuatro años... para eso eran un país de ejemplar "democracia"... pero la estrategia como nación de destino manifiesto estaba a salvo de estos avatares, bien resguardada entre los muros y en los cerebros del Pentágono: una verdadera misión divina, el imperio eterno...

Se había definido para la región latinoamericana que la forma más adecuada para lograr la desarticulación de los movimientos populares eran los gobiernos militares, dictaduras como les decía la gente... Que una vez estos a cargo de la situación, debían proceder a facilitar el control económico de las vastas riquezas existentes al modelo plus ultra del capital: el neoliberalismo; que luego de logrado esto, dichos gobiernos militares debían restituír el poder a los políticos de confianza de los americanos, en medio de procesos electorales masivos que "legitimaran" a esos candidatos, de los cuales los EEUU tenían de sobra entre la clase política regional, pero teniendo el cuidado de preveer los sobresaltos sociales futuros mediante la incorporación solapada en la estructura de esas neodemocracias de múltiples elementos extractados de la Doctrina de Seguridad Nacional. Y todo esto se había venido cumpliendo paso a paso desde la década de los 60, cuando el Brasil de Goulart...

Pero resultaba que éste dictadorzuelo egocéntrico había optado él mismo por definir su propio cronograma político, el que los americanos veían con preocupación como era sobrepasado por las circunstancias que se estaban incubando en Chile desde hacía unos años. Lo que existía de "oposición democrática" organizada, que serían quienes heredarían el gobierno en cuanto Pinochet decidiera irse, estaba desgastándose inevitablemente ante la negativa pertinaz de éste, incapaz de convencerle de la necesidad política del recambio, mientras la oposición más radical, esa que no era controlada por los americanos, sino por la izquierda, se fortalecía en este contexto cada día...

Ni siquiera la mediación de la Iglesia lograba convencer a Pinochet, quien seguía convencido en que el retiro pactado que se le proponía sólo contribuiría al retorno de los comunistas al poder... ni tampoco el embajador Barnes había podido entablar un diálogo productivo con él...

Aun ni las presiones de suspensión de los créditos que Chile había solicitado ante organismos internacionales, o los reportes desfavorables que se hacían sobre la situación de Derechos Humanos ante la ONU eran eficaces frente a la tozudez del dictador... ni el palo ni la zanahoria habían servido para convencerlo...

Se había transformado paulatinamente en un obstáculo que tendría que ser removido. Esa era ahora la principal tarea que se habían propuesto y no tenían para ello demasiado tiempo.

Y era justo ahora que se les presentaba la oportunidad de matar dos pájaros de un tiro...

La información que el Supraalmirante no había compartido con Pinochet, era resultado del paciente trabajo de escucha, seguimiento, infiltración, intercepción, con el empleo de la técnica más avanzada en posesión de los americanos, de todo lo que les pareciera sospechoso respecto a Chile... En cuanto hubieron constatado el panorama ante el que estaban, el círculo de los que "sabían lo que iba a pasar" se estrechó cada vez más: era imprescindible para el éxito de esta operación tan delicada el más absoluto secreto... y mover cada hilo lo más cuidadosamente posible: ni Pinochet ni el "enemigo comunista" debían sospechar nada...

De ese modo esperaban que, por una parte, el dictador fuese eliminado por los comunistas en la audaz acción que habían detectado. Para ello, qué mejor que el Capitán General estuviera confiado, descuidado, después de haberles propinado el golpe de detectarles los armamentos introducidos clandestinamente, saboreando todavía su victoria, inflando por doquier su ego... ese sería el momento propicio para acabar con el estorbo... pero además -y el Supraalmirante suspiró y otra vez sonrióse- los comunistas quedarían entonces totalmente expuestos a la venganza de los partidiarios, de los "deudos" del dictador... estos saldrían a las calles ensoberbecidos e implacables en busca de cuantos parecieran comunistas... una verdadera repetición "a la chilena" de lo sucedido hacía décadas en Jakarta...

Claro estaba que, después de unos cuantos días de masacre, el gobierno americano intermediaría magnánimemente para que se constituyese un "gobierno democrático" que se hiciera definitivamente cargo de la situación... se solicitaría apoyo de las Naciones Unidas... del Papa, etc. Por fin Chile curaría sus heridas, respiraría aliviado... y asimismo lo harían ellos.

Un golpe maestro... y nunca nadie sabría lo que había sucedido. La historia no registraría los verdaderos hechos... para qué iban a gastarse hojas y hojas... no valía la pena... dos pájaros de un tiro... dos pájaros de un tiro...