CECILIA PALMA (Santiago, 1962): Activa participante en encuentros de escritores y en la vida político-social de los años ’80, Cecilia Palma ha publicado dos libros de poemas; “A pesar del azul” en 1992 y “Asirme de tus hombros” en el 2002. Sus textos también han aparecido en varias antologías y revistas literarias.

 


SOLEDADI
(de “A pesar del azul” 1992)


Destapo el abismo
bajo la cama
la frialdad entra
buscando refugio.

 


ENTREMOS
(de “A pesar del azul”. 1992)

Ven,
allá adentro
estoy segura
nos conducirán a una habitación
con olor de antiguas parejas.
Dejemos aquí nuestras caricias
dejemos los sueños
entre la humedad de las sábanas
entremos a reunirnos
a comulgar las siluetas
a olvidar que no somos tú y yo
aquí afuera,
en la luz, para los demás,
olvidar nuestra historia ajena;
entremos
quiero desnudarme y desnudarte
sacarnos una a una
la desesperanza,
quedarnos con la vida que tenemos
enterarnos sólo de nosotros
quiero beberte y que me bebas
confundir los sudores
liberar los suspiros
elevarlos como vapor hasta
donde los sueños le permitan
las lenguas entregarse,
los besos.
Jugar a que somos ciertos
pensar que este robo es
necesario para sobrevivir;
entremos a dejar también nosotros
una huella.

 


NO DEJARTE SOLO
(de “A pesar del azul” 1992)

Quiero tomar una copa
viejo amigo
envenenarme de su jugo de uvas
acompañarte
a tu postrera morada
no dejarte solo Dylan Thomas
para que tú me acompañes
también al último de
mis refugios.

 


LA VISIÓN Y LA CALLE
(de “A pesar del azul” 1992)

Su cabeza calva aparece en el umbral
derruido. Los árboles
se agitan, las hojas se preocupan
y los caballos relinchan temerosos.
La soledad que hay en la calle
es tan profunda, que decenas de carruajes
y tranvías no podrían perturbar esta visión.

 


UNA MUJER

(de “Asirme de tus hombros", 2002)

Una mujer
agrede a la monotonía calle arriba
entre huellas pierde la mirada
dibuja sueños en
las esquinas tras el
aliento de las escaleras.

Una mujer esconde
la soledad en sus
bolsas
desconoce la edad de
las paredes mustias.

 


VIDA
(de “Asirme de tus hombros", 2002)

Cada Cierto tiempo
duermo el sueño
eterno
reparo las cruces
solitarias
rearmo palabras que
me arraigan en todas
las vidas y
despierto mujer con
los sentidos asomados en
el horizonte tras el sol
tan desnuda entre los
jardines del Brindavana
reptando sagrados por el
cuerpo.

Deshojo en
silencio las edades que
me habitan
desde las palmas me
nacen caricias cómplices
imperturbables
inconscientes
para cubrir los girasoles
desprendidos desde mi vientre.

 


SOMBRAS
(de “Asirme de tus hombros", 2002)

Sobre las mesa las
huellas permanecen
inertes
semejan un pedazo de
alma atrapado en
el vidrio.

Estáticas se
asoman tímidas
deslucidas
no me atrevo a
borrarlas por
temor a designarme
asesina de sombras.

 

 

NOCHE DE POETAS
(de “Asirme de tus hombros", 2002)

El poeta
no descansa de
sus sueños
duerme solo la
noche del cuerpo.

 


CIUDAD TRISTE
(de “Asirme de tus hombros", 2002)

I

Con el pelo suelto
cayendo como cascada
me pierdo en la
ciudad enredada de
vientos confusos
las pupilas huyen
en zapatos
cansadas de
gotear esperanza.

Entre los muros Pedro de
Valdivia asoma su casco
en una esquina
deslumbrando a la
muerte
observa las figuras que
como sombras se
pasean por
calles padeciendo de vida
vida fortuita y cansada
congelada en
algún juego de la niñez.


II
Los niños mojan sus
sonrisas en las fuentes
corren con los dientes
asomados persiguiéndose
atravesando calles
descuidando los harapos
ellos pasean sus
sueños por las nubes
sudan la infancia de
noches entre adultos.

Los niños descubren la
soledad sin saber todavía
su significado en el diccionario.


III

Como fugitivos los
sueños se esconden a
cualquier presencia en
los rincones de las
casas
pregunto al silencio si
no los he pisoteado esta
mañana
quiero saber si siguen
vivos donde estén
si existen a pesar de
las circunstancias
pero el silencio no
responde
calla dictador de la
mordaza fecundo hacedor
de censura
escapo de las paredes a
buscar las últimas estrellas
que no se rinden al sol
salgo a recuperar la
pupila suspendida en el
aire
a mi risa perdida en una
esquina cualquiera.

La ciudad despierta
mientras tanto con
la bulla de siempre
el humo de siempre
el hastío de siempre.

 

CONCUBINA
(de "Asirme de tus hombros", 2002)

Virgen de solitarios
lamentos
tras el descanso
de los dioses
intenta cautivar
las horas después de la
primavera
Náyade silenciosa
princesa de arco iris
los vientos se acurrucan
a tus espaldas
y los hombres brotan
entre tus ramas
de sauce imaginario.