CARTA PÚBLICA

Santiago de Chile, 26 de abril de 2005

 

Señores Escritores

Presente

En vista de los acontecimientos que se han suscitado en el último tiempo me he visto en la obligación de dar a conocer las circunstancias bajo las cuales me he desempeñado como administrador de la librería de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH).

Como algunos pocos saben, en marzo de 1999 a solicitud de las entonces directoras de la SECH señoras Virginia Vidal e Isabel Velasco, me hice cargo de la administración de la librería de la sociedad. De acuerdo a lo conversado en esa oportunidad, lo anterior se verificaría sobre la base de un contrato de concesión y administración, sin sueldo, honorarios, ni pagos de ninguna especie, permitiendo en cambio al administrador vender libros de su propiedad en retribución por sus servicios prestados.

A la fecha en la cual me hice cargo de la administración de la librería de la SECH ésta se encontraba literalmente abandonada desde hace largo tiempo. La SECH no tenía representación en las Ferias de Libros realizadas a lo largo del país y nunca generó ingresos, sólo gastos. Desde que comenzó mi administración los libros de los socios tuvieron cada vez mayor presencia nacional, recorriendo durante estos últimos años desde Iquique a Punta Arenas. No es de extrañarse entonces que ahora la librería haya cobrado gran relevancia, pues como dijo un ex presidente del directorio y gestor de esta iniciativa: "no importando los logros siempre te van a patear las canillas por debajo de la mesa".

Con el objeto de transparentar aún más mi gestión, pongo en conocimiento público que el 100% de los ingresos por ventas de libros de propiedad de la institución se entrega a la SECH, la que además recibe el 10% de los ingresos por ventas de libros de socios. Por otra parte, la totalidad de los gastos generados por la gestión de la librería son de cargo del administrador, esto incluye: IVA, impresión de boletas, facturas y guías de despacho, fletes y pasajes dentro y fuera de Santiago, honorarios a ayudantes, colaciones, pago de derechos de participación en ferias nacionales (en este punto es necesario precisar que sólo la Cámara del Libro cursa invitaciones sin costo, debido a que hemos forjado una constructiva alianza en pro del fomento del libro) y hasta en ocasiones el pago de la patente comercial semestral. Asimismo, bien vale recalcar que el traslado de la carga desde y hasta las dependencias de la SECH y desde y hasta los puntos de venta ha sido efectuado siempre a pulso por el suscrito (sólo los 400 títulos correspondientes a libros de socios pesan cerca de 100 kilos).

Era mi intención aclarar las interrogantes respecto a la administración de la librería de la SECH en la próxima reunión de directorio, ya que me honra haber sido reelegido por tercer período consecutivo. Sin embargo, al tomar conocimiento que una socia que pidió la palabra en la reunión celebrada el lunes 25 de abril recién pasado, y manifestó su apoyo a la gestión desempeñada por mi persona en estos años (apoyo manifestado en la misma reunión por varios socios), y fue increpada por el presidente del actual directorio una vez terminada la reunión, me he visto forzado a tomar la palabra para exponer mi situación y terminar de una vez con los comentarios malintencionados y arteros.

Súmese a todo lo antedicho, los artículos difundidos a través de la red por un tal Ruiz, mediante los cuales se ataca a mi persona y mi labor como administrador de la librería de la SECH, manipulando maliciosamente los hechos y tergiversando intenciones, para difamar mi nombre con el fin de obtener cierta notoriedad en el mundillo en que se desenvuelve este desconocido. Llama profundamente la atención que este individuo maneje ciertos antecedentes sobre mis actividades, me temo que un poeta de la cuarta región le haya dado mal el dato, y si bien es efectivo que desde el 1 de marzo estoy atendiendo un local en San Diego, exactamente en Plaza Almagro, este es un kiosco de propiedad del poeta Daniel Molina para quién trabajo debido a su enfermedad. Asimismo, debo agregar a lo dicho por el tal Ruiz, que si bien es cierta su información acerca de la bodega ubicada en el segundo piso de la SECH, ésta es ocupada para guardar los libros de propiedad de la institución y aquellos de propiedad de los socios.

Cansado de los comentarios cobardes, ignorantes y solapados vertidos profusamente en contra de mi persona y de mi desempeño como administrador de la librería de la SECH, en los días preliminares a las elecciones. Con fecha 18 de abril del presente, esto es en la reunión constitutiva de la nueva mesa directiva, presenté mi renuncia indeclinable a la administración de la librería de la sociedad.

No puedo dejar de agradecer al sinnúmero de escritores a lo largo del país por su apoyo y extrañeza ante estos ataques, ellos pueden dar fe de mi honestidad y de mi obra: Pía Barros, Poli Délano, Eduardo Díaz, Gustavo Donoso, Juan Antonio Massone, Alejandro Lavquén, Francisco Lussich, Omar Lara, Isabel Velasco, Isabel Gómez, Paz Molina, Hernán Rivera Letelier, Ramón Díaz Eterovic, Antonio Montero, Luis Aguilera, Viviana Benz, Jorge Montealegre, María Cristina Menares, Víctor Sáez y un largo etcétera.

No me puedo despedir sin enviar un abrazo a ese hombre grande que es mi amigo y camarada Fernando Quilodrán, que como este trabajador de toda la vida, tiene sus manos y su conciencia limpias, algo que en estos tiempos es bueno recalcar.

Juvenal Ayala

(Iquique 1959)