BERNARDO ANDRÉS GONZÁLEZ (Talca, 1986): Actualmente cursa Tercer Año de Enseñanza Media en la especialidad de Ventas y Publicidad, en el Instituto Superior de Comercio de su ciudad natal. En el año 2000 es publicado en la Antología de la Nueva Poesía Maulina “Travesía por el Río de las Nieblas” de Mario Meléndez. Destaca su participación en diversos encuentros y recitales de poesía de la región del Maule.

 

Luna de enero

Quiero ponerme a brillar
bajo la luna
que barniza mis sueños balbuceantes
y trilla de luz los tejados.

Veo una esperma perdida
volando sobre la silueta
de un verso jamás encontrado.

Las luciérnagas se embriagan
de mi soledad
mientras el eco de la luna
me pega en la frente.

Mis poros se abren
para recibir nostalgia
que cae como rocío
y mi memoria maldice
a quien piense
que la locura es triste.


Rumbo a Venus

El día que el delirio
me lleve al umbral
de un sueño sin retorno,
cuando mi sótano
de recuerdos
ya no sea abierto
y no se escuche más
aquel reloj empolvado de silencio
me alejaré sollozante de alegría
sembrando en las nubes
las cenizas de una niñez
de sólo querer
alas para llegar a Venus.

 

Como todos los días
......................A Fabiola

Tu guitarra recita fábulas al silencio
y asfixia tu mente llena de espejos.
Te quebranta el fino insomnio
cuando las rabias desfilan tu sien
con una indefinida sutileza.
Fumas los murmullos estancados
mientras la media taza
te humea la frente de greda.
y el reloj te arroja cenizas al pelo.
Es otra mañana que despiertas
ya leída por la luna
cuando el inerte realismo
te ahuyenta nuevamente
tus sueños de barroco.

 

Adoquines

Los adoquines son lomas
transitadas por todo el olvido,
cordilleranos pómulos de plata nocturna
que la lluvia lustra a su antojo,
sórdidas lápidas
que lejos de soñar,
son lo único que me espera.

 

El porvenir

En el fondo del patio
el niño juega.
(un leve sisear, un zumbido
y dos manos le muestran el mundo;
le susurran al oído
la palabra “porvenir”)
...El niño mira sonriente
como una hormiga
camina por la muralla.



Tumba de lo inmenso

Tallado de viento estoy,
y siento que alguien
clavetea la tarde
desde afuera del cielo
y escucho los latigazos de espuma
en las rocas.
Mis cejas vuelan hacia el sol
y parecen no avanzar
hacia el horizonte.
En la marea de hidromiel,
hoy tumba de lo inmenso,
todavía flotan plumas quemadas
y tal vez por esto
la retina de la luna nos da la espalda.



Piedras

Sueñan con flotar en el espacio,
extinguir dinosaurios
y rodar por celajes,
ser punta de flecha
montaña o coliseo,
infinitos granos de arena
en su posada de lamentos,
cósmicos trozos de firmeza ilusa diminutas y universales
que agazapadas en el camino
no saben que sonreírme
fue su única aventura.

 

Espejo

Te miro fijo a los ojos febriles
y mi sonrisa es el tiempo emplayado,
pero el camino es de cemento frío
y la corbata me abraza demasiado.
Tengo la ironía de un ángel rebelde
que jadeando se entrega
a la común vanidad,
peino mi brezal con rocío
mientras aquel individuo huraño
que cada mañana miro en el espejo
arruga la frente cuando ve el mundo
detrás de mí.

 

Brasero

Los querubes infernales
duermen acurrucados en el brasero
y los astros de cobre explotan
cada vez que el silencio aletea.

 

Hojas secas

Desperté entre dunas y pezones
tendido en tu desierto
y escuchando ese bombo luciérnago
que te truena la sangre.
Ante mí desenvainas toda tu ternura de palta silvestre
y mi perfil te aplasta
el respiro de trasola.
Ya seremos otros,
ya abriremos sendas,
hoy, hojas secas caen meciéndose.

 

Naranjo

De modo que en ti
cuelgan las brasas crepúsculas
que luego caen
como soles marchitos
a tu sombra.
Y yo soy tu hollín
tímido y taciturno
que medita y medita
y nada hace
salvo estar ahí,
libre de detalles y confines,
feliz de amarse,
porque en mí transitan las hormigas
y porque inmortal seré
y no por esto vivo,
y no por esto
caigo cada otoño aferrado a
tus hojas.

 

Tormenta

Hoy las ventanas se abrieron
de golpe
y en las alturas una mujer desnuda
destrenzaba infinitamente
su melena gris.

Remolinos pasan
como perros perdigueros
orbitando hojas secas,
mientras en el cielo
emigran los paraguas.

Al levantar la vista,
estrellas diminutas caen
como agujas frías en mi boca.

Truenan carcajadas de abuelo
y el trote de los látigos
se hace de cortinazos estridentes
en medio de la noche.

Mis tierras
despiertan quejumbrosas
y en los charcos
parpadean las campanas
y yo encuentro mi calavera sonriente
en medio de los escombros.


Apogeo de la derrota

Así como hoy las flores irradian,
yo camino tosco y agachado.
Por ahora
respiro hondo
y me detengo
a ver pasar la estampida
que me arrastra a la tristeza.
Sólo estoy de paso
por las nieblas,
sólo busco el mar
entre mis manos,
sólo dejo pasearse a las moscas
por mi cara....
Pero al momento de levantarme
atraparé toda la intemperie
de un zarpazo
para guardármela en mi bolsillo.



La angustia me mira ...

La angustia me mira desde el charco
y me muestra su sol tembloroso.
El entorno me observa con ojos fríos
en este crepúsculo
donde la luna creciente
todavía me apunta
desde la noche anterior
como uña incrustada en el cielo.
Hasta el mismo aire
no quiere salir de mis entrañas.
No sé como evitar
la farsa de mi cuerpo,
farsa que amo tanto
y de la cual
hoy quiero huir remando
desde la palma de mi mano.

 

Encuentro

Cuando salgo a recolectar sombras
por la ladera
veo árboles más sabios que el silencio,
montañas como olas
cubiertas de tierra
que se apiadaron del valle
justo antes de romper sobre él.
Veo tantas flores
que debí pisar,
hierba libre y ronca,
riachuelos torpes,
tantos pájaros perdidos en las nubes
que hoy es vano ser hombre.