BARRIOS Y POETAS

Publicado en "Punto Final" N 505 (14 de septiembre del 2001)

Quién no se ha sentido alguna vez lleno de nostalgia al escuchar los versos, hechos tango, de Gardel, Le Pera y Battistella: "Barrio plateado por la luna,/ rumores de milonga/ es toda tu fortuna;/ hay un fuelle que rezonga/ en la cortada mistonga" (...) "Barrio, barrio,/ que tenés el alma inquieta/ de un gorrión sentimental.". Y no es para menos, pues todos los que hemos nacido en una ciudad cualquiera de Latinoamérica (u otro lugar del mundo), de alguna manera poseemos un importante sentimiento de pertenencia con algún barrio o sector determinado de la ciudad. El barrio es el lugar donde crecemos, donde hacemos nuestros primeros amigos y donde, la gran mayoría de las veces, encontramos a nuestro primer amor. Podríamos decir que el barrio es la extensión de nuestro hogar, el jardín colectivo de los habitantes de un lugar específico. Cada barrio posee, generalmente, una peculiaridad muy característica y fácil de identificar que le da identidad propia. Y obviamente, esto no podía pasar desapercibido a cantores y poetas, los que han llenado cientos de páginas con sus versos y melodías dedicadas a evocar los periplos por los diferentes barrios de sus ciudades natales o los que les tocó conocer y dejaron en ellos profunda huella.

Uno de los países donde el concepto de barrio se encuentra más arraigado en el pueblo es Argentina, y en especial en su capital Buenos Aires. La identificación entre barrio y ciudadano es fundamental para los bonaerenses, lo mismo que las esquinas. Existe un profundo sentido de pertenencia. Cientos de tangos y poemas dan cuenta de esto, como por ejemplo, el inolvidable "Sur" de Manzi y Troilo: "San Juan y Boedo antiguo y todo el cielo,/ Pompeya y más allá la inundación./ Tu melena de novia en el recuerdo/ y tu nombre flotando en el adiós" (...) "La esquina del herrero, barro y pampa,/ tu casa, tu vereda y el zanjón" (...) "Nostalgia de las cosas que han pasado./ Arena que la vida se llevó./ Pesadumbre de barrios que han cambiado/ y amargura de un sueño que murió". Así, suman y siguen los poetas porteños, los barrios de La Boca, Palermo, Chacaritas y Avellaneda, entre otros, son cantados permanentemente.

En el caso de nuestro país, tendríamos que decir que Chile no se destaca, precisamente, por una plena identificación de los habitantes con sus barrios, salvo excepciones. El chileno, en general, tiende a identificarse con sectores más amplios de la ciudad, como las comunas o conjunto de varias comunas. Un ejemplo de ello, en el caso de Santiago, es que el llamado Barrio Alto es la denominación que se da al sector capitalino que comprende desde Plaza Italia hacia el oriente, y que abarca varias comunas. Otros sectores que se mantienen con el concepto "barrio" en la memoria colectiva, en lo que a la capital se refiere, son el Barrio Brasil, Barrio Yungay, Barrio Bellavista y el Barrio Franklin, entre otros. Durante la tiranía militar cobró mucha fuerza el concepto: "Las Poblaciones", que fueron, en la práctica, los bastiones de la resistencia popular contra los militares, destacándose entre ellas La Legua, La Victoria, La Bandera, Santa Mónica, etc. Muchos poemas y canciones nos hablan de estos lugares y el papel que jugaron en un momento clave de nuestra historia. Una historia, que por lo demás, pronto debiera comenzar a escribirse y recopilar, a través de ella, la literatura escrita sobre estos vastos sectores de la ciudad.

Volviendo a los barrios y a los poetas chilenos, éstos sí que se han identificado plenamente con ellos, dejando numerosos escritos al respecto. Un caso emblemático es el de Pablo Neruda y sus poemas dedicados a los crepúsculos de la calle Maruri en el barrio Independencia: "Un río abraza el arrabal como una/ mano helada que tienta en las tinieblas:/ sobre sus aguas/ se averguenzan de verse las estrellas./ Y las casas que esconden los deseos/ detrás de las ventanas luminosas,/ mientras afuera el viento/ lleva un poco de barro a cada rosa". Por su parte, el narrador Luis Cornejo escribió un libro titulado "Barrio Bravo", que nos cuenta acerca de la vida de los habitantes de los barrios Plaza Chacabuco, Vivaceta y la Vega Central. En su novela "El Roto", Joaquín Edwards Bello nos introduce en la vida prostibularia de una parte del barrio Estación Central y sus calles aledañas en el Santiago de la primera mitad del siglo XX. El mismo autor, en su libro "En el viejo almendral", nos traslada a uno de los barrios más característicos del puerto de Valparaíso. En este mismo lugar se encuentra el barrio de Playa Ancha, considerado por sus habitantes una "República" y cantado por numerosos poetas, como Osvaldo "Gitano" Rodríguez desde el exilio: "No sólo por recordar te recuerdo/ tierra/ bajo esta lluvia de agosto/ opuesta página de verano y luz".

El poeta Pablo de Rokha, también nos habla de su paso por algunos barrios, como los de la orilla norte del río Mapocho con sus mercados, flores y tentaciones culinarias: "El farol del pequenero llora, por Carrión adentro, en Santiago,/ por Olivos, por Recoleta, por Moteros y Maruri, derivando hacia las/ Hornillas, el guiso del río Mapocho inmortal y encadenado,/ como los rotos heroicos,/ afirmación del trasnochador, les suele hacerles agua la boca a los borrachos de acero/ picante y fragante a cebolla...".

En cuanto a los poetas de las últimas generaciones existe gran identificación con lo urbano y algunos de ellos, en sus obras, han plasmado su marcada relación con algún barrio en particular. Es el caso de Genaro Sandoval, nacido en el barrio que circunda la Plaza Bogotá y fallecido tempranamente en 1997, que además musicalizó sus propios versos: "La primera geografía de mi vida/ limitaba al sur con la Plaza Bogotá./ Más allá el mismo cielo era otro cielo/ y otros ángeles aquellos del puñal." (...) "Barrio taita el de la plaza,/ la Tranquera y el Gardel./ Sierra Bella, Ñuble, Lira y un corazón despojado por querer" (...) "Nunca me he ido de este barrio,/ siempre vuelvo con mis muertes/ y mis vidas por vivir. / Y silvando por un cielo tan cercano,/ ahora vuelvo a San Diego a dormir". Caso premonitorio el de este joven poeta. Horacio Eloy es otro vate identificado profundamente con los antiguos barrios de la capital. Viejas calles, plazas, cines y emporios recorren sus poemas, que además reflejan a una parte de aquellos jovenes que crecieron bajo estado de sitio: "Tomaba vino por las plazas/ aquellas de columpios marchitos,/ de gatos sin tejados ni collares,/ esas de estatuas sin rostro,/ esas del amor con gafas". O este poema: "Aurora llegó al gran valle/ envuelta en escapularios/ con un rosario prendido en su pubis" (...) "Desde entonces/ siempre sus muslos y pechos/ hacían transpirar/ las oscuras animitas/ de nuestro barrio".

En regiones también tenemos ejemplos de barrios de otros tiempos que permanecen en la memoria. El poeta Juan García Ro, nacido en la oficina salitrera de María Elena (estas oficinas representaban, de una u otra manera, una forma de barrio muy especial) canta con nostalgia a su lugar de origen: "Los edificios,/ poco a poco,/ van pariendo sombras,/ vomitando bocas sin palabras,/ ascensores muriendo de cansancio/ y escaleras como un largo hastío/ suben al cielo a respirar infancia". La poeta talquina Elcira Bravo, en tanto, nos recuerda la calle de su barrio en el siguiente poema: "Mi calle es la de retamas,/ la de retama amarilla./ Mi calle es la más pequeña;/ pero tiene dos orillas,/ dos orillas de jardines/ con balcones y con verjas/ y a medianoche la luna/ con los geranios conversa".

En el extremo sur del país, en la región de Magallanes, también los poetas asumen su pertenencia y nos dejan algunos versos que nos muestran los fríos barrios de las ciudades más australes del mundo. Un ejemplo son estos versos del puntarenense Ramón Díaz Eterovic: "Dónde está la nieve pura/ que tocaba las ventanas con su sombra?/ La puerta de la casa está cerrada,/ y el viento divide/ los rincones impares de la noche./ Caen los astros sobre los espejos de hielo/ formados en la geografía humilde del barrio". O los versos de la joven poetisa Maribel Valle, de la misma ciudad: "Yo digo que las luces recuestan su sombra en las calles/ sudorosas, húmedas y tan concretas/ como la solitaria figura de mi cuerpo, acomodado en un rincón del olvido cercano." (...) "Ahora los pedazos se distribuyen al por mayor/ en la otra esquina, ahí donde se reúnen cada/ noche los que no están".

En la región de San Antonio, en el litoral central, el poeta Roberto Bescos nos habla del viejo puente de Llo-Lleo, ubicado en un melancólico barrio de la localidad: "...y el puente/ Que se fue entre las herramientas del hombre/ Voló para hacerse memoria" (...) "Más allá los rieles. Por el estero/ Abajo y los jardines de la tierra".

En fin, serían muchos los poetas que podríamos mencionar, y que escribieron acerca de los barrios, una tarea que daría para una extensa antología. Mas lo que pretende esta brevísima reseña es incitar, a través de la poesía, a recuperar ese sentimiento de identidad tan necesario en la vida de los pueblos. Rescatando, en esta ocasión, la memoria, como decíamos al principio, del lugar que nos vio nacer y crecer. Muchas veces aunque sea en la distancia, como aquellos versos de los poetas del tango, Blomberg y Maciel: "Siempre te están esperando/ allá en el barrio feliz./ Pero siempre está nevando/ sobre tu sueño en París".

ALEJANDRO LAVQUÉN