ANIMALES POLITICOS

(O CONVERSACIONES PARRICIDAS)

Por Omar Cid

El texto nos abre una puerta en el living de la familia Ominami-Gumucio y nos sitúa en un almuerzo o una once donde los temas, para Marco(Enrique-Ominami) como para Carlos, rondan el Chile de ayer y de hoy, con la carga afectiva de quiénes vivieron el exilio, trabajaron por reconquistar la democracia y hoy, ocupan lugares de cierto privilegio dentro del sistema político actual.

En sus miradas no se esconde la posibilidad de ser cuestionados o vistos con ojos de duda, por los que siguen esperando en la mesa del pellejo, de la democracia o por quienes se sienten socios fundadores, de la república protegida.

Para Rafael Gumucio, se trata de un texto donde el diálogo padre-hijo se complejiza por la particularidad de quienes emprenden la tarea de conversarse en un ir y venir vertiginoso. Para mí, la metáfora es mayor, se trataría de un diálogo de fin de época como si el último día del gobierno de Lagos, viniera a ordenar un naipe gastado.

También está, es cierto, la conversación abierta y clara en torno a historias sin terminar, hay juicios, defensas irrestrictas, querellas, palabras quemantes, en un intento inteligente por vaciar de discurso a quiénes han hecho de la crítica a los reformistas de izquierda, una bandera profesional de lucha. Simplemente esta estrategia discursiva, los deja huérfanos de toda crítica, desde mi perspectiva es el gran mérito del libro, su aporte mediático como hoy suele llamarse, es cómo desde una conversación de living, donde lo público y lo privado se entremezcla en un ir y venir, en un reflexionar sin pausa, logra captar, en la voz de Marco, toda la ferocidad del juicio crítico a la concertación y transformarla en una cuarta oportunidad, producto de las respuestas y silencios de Carlos, sí, la cuarta oportunidad, para quiénes han caído en el máximo de los descréditos, pero que se sienten necesarios, no intocables, NECESARIOS, para la continuidad de una esperanza democrática, en el país de los poderes fácticos.

Tenemos entonces dos voces, intercalando temas de diversa factura, la familia, los hijos, el Padre-el hijo, Allende, la transición, la derecha, la izquierda y ¿por qué no? la cultura, en doscientas páginas se tejen y destejen mitos, se construyen y de-construyen discursos, se abren y se cierran puertas en la casa de los Ominami que pasa a ser la casa de todos.

En cuánto a la estrategia del texto mismo, no es menor, los llamados intelectuales de izquierda en general, han buscado generar discursos a través de el viejo mecanismo ilustrado, llamado cartas abiertas o ensayos, con el afán de captar a un número fiel, pero reducido de lectores.

La conversación escapa a esa pretensión tan adulta, de sermonear, en el arte de la conversa hay una serie de tensiones no resueltas, hay una búsqueda temática, producto de las prioridades establecidas, en el país donde la gente ha perdido espacios de comunicación, las familias se han ido quedando en silencio, postergadas por el afán de producir, son demasiados los tabu generados por las comidas en solitario, teñidas de secretas intolerancias.

Por eso los programas de conversación tienen un alto rating, ahí en la pantalla, se escucha o se destapa lo que no se es capaz de plantear en la mesa cara a cara, programas donde el vino y las preguntas intrascendentes se escabullen, en un baile, una presentación, para relajar la última copucha soltada en el rostro de la invitada o invitado, buscando una lágrima una risa o simplemente, el enojo, tan prioritario para un titular de diario farandulero.

La conversa de Marco y Carlos se resuelve en otro tono, por supuesto, pero se hace uso de la capacidad escenográfica de un living, para ir destapando cada uno de los temas que otros no quisieran tocar o los dejan para tratarlos de modo serio, en ello el atrevimiento del libro es otro logro, desarrapado, directo por momentos, pero no menos mañoso y en eso los comensales juegan con maestría sus cartas.

El intento de parricidio, al final es solo eso, un intento, donde los golpes de mesa y acusaciones se pierden por los rincones y sinsabores del poder. Nos deja sí una pequeña ventana abierta a nuevos intentos ¿Qué tal una conversa entre Lagos y su hija? O Lavín y su hijo en España, se imaginan la lata de leer un texto entre Juan Gabriel hijo y Gabriel padre, podrían existir conversaciones de ultratumba, con Jaime, los diarios de quinceañera de alguna de las ministras, para concluir con una serie de confesiones y desmentidos, en el Chile de los padres ausentes.