"CASA FOLKLÓRICA DOÑA JAVIERA

por Nano Acevedo

En los actos relámpagos crecidos del afán libertario que realizamos en 1974, pensamos en una suerte de "Bodeguita del Medio" a la chilena y de ese modo alzamos una peña en mitad del miedo. Comenzamos en el viejo restaurante "Antofagasta" de calle Mac- Iver al llegar a Monjitas y a los pocos meses nos trasladamos al interior del restaurante "El Mundo" frente al Teatro Caupolicán, hoy Monumental. Hablamos de Julio de 1975 y de un elenco que contemplaba a: Margot Loyola, Gabriela Pizarro, Lázaro Salgado, Illapu, Barroco Andino, Ortiga, Aquelarre, Capri, Pedro Yánez y un sinnúmero de cantores que incluyo en mi libro "Los Ojos de la Memoria" (Cantoral Ediciones, 1995) .

Por una parte, estos 27 años transcurridos han desvanecido en muchos el valor que tuvo la primera tribuna del arte popular crecida en Chile bajo la tiranía, por otra el oportunismo que acecha como bayonetas, ha pretendido "torcerle la nariz a la historia" bajándole el perfil a una iniciativa inédita en nuestra patria dónde un centenar de artistas se une y reúne para mantener largos años, a pesar de toda clase de amedrentamientos, un escenario democrático abierto a todas las expresiones del arte .

Aún encontramos amigos de sectores diversos, profesionales y obreros, mujeres y músicos que, alguna vez subieron al estrado mágico de la "Javiera" para entonar una canción prohibida, para reír con las penitencias de la "Bandita", para sacudirse el pánico y mirar a los ojos a otros seres que también luchaban –cada uno en su estrella – por volver a vivir sin asomo de celadas.

La primera etapa de nuestra "Javiera" la vivimos de 1975 a 1980 en San Diego 846, para luego revivirla en la Quinta de Recreo Ecuador de calle Catedral entre los años 1984-1988. Muchos de aquellos artistas están ahora en el extranjero; otros se vieron obligados a asumir oficios diversos; los menos seguimos la porfiada senda creativa y en ocasiones contemplamos a través de la ventana de palacio el "sarao de los nuevos ricos".

Pero nada es y ha sido comparable a las noches de la peña valiente y magnífica que creamos con amor y pasión a comienzos de la década del 70; nada ha sido tan gratificante como esos años de crear y poner sobre el días nuestra vida si era preciso, sencillamente por la música eterna de la libertad .