UN VIAJE A PARTIR DE LA REALIDAD

(Sobre el libro IRREAL de Felipe Moncada)

por Matías Inzunza O.

Debe haber un lugar donde confluyen materialmente lo real y lo irreal. Supongamos que existe. Supongamos que ese lugar sólo puede encontrarse en un resquicio de la literatura. Vamos más lejos: Supongamos que la realidad toda necesita de la literatura para ser tal. Dice Enrique Vila- Matas: "la propia vida no existe por sí misma, pues si no se cuenta, esa vida es apenas algo que transcurre, pero nada más" . El acto de contar el mundo puede ser lo mismo que construirlo. Poética o sentido?. Esa es la pregunta. Cuando nos inmiscuimos en el espacio creativo de un autor qué podemos inferir más allá de las perspectivas?. Todo y nada a la vez. Poética o sentido?. Nuevamente pregunto. Vamos por parte: "Irreal" aparece para luego desaparecer (siempre desde la literatura) como una sombra extraña en una película proyectada en alguna pared de ninguna ciudad. Aparece Asterión y aparece masturbándose, homenajeando a Borges y sexuándolo desde una Babilonia que se ha trasladado a los techos de Zinc de la urbe y que juega una lotería con la textura del tiempo como quien eleva un volantín. Están los acantilados de Vian vigilando los sueños en un pastizal, siendo un patio de luz común para los habitantes del último edificio en pie después del Apocalipsis. Está Ulises regresando al lugar equivocado o equivocándose de cuenta al depositar con seis ceros...toda su vida. Deambulan, enmascarados y marchitos, actores desesperados en el convencimiento de un teatro que mirado desde lejos no es más que un televisor; otro televisor más, como la única ventana posible y como la única posibilidad de encuentro entre lo conocido y lo desconocido, que no se saludan cuando el autor los junta en una botillería pero que, en rigor, dialogan a lo largo de toda la obra. Se encaman, se seducen, se magrean y se desperezan; se olvidan y se evocan. Uno imposta la voz para imitar a Rilke mientras el otro se esconde en el cuerpo de una araña y cuando el primero logra camuflarse como la casa Usher el segundo es un soldado de Cristo o se extiende (solemne) como un laberinto al mismo tiempo que el otro llena sus pasillos, sus aljibes, sus pesebres, su abrevaderos, sus sótanos bifurcados... con música de cinta porno.

Se reconocen y se ignoran; firman furtivamente la obra del otro; matan en nombre del otro y brindan en nombre del otro, Son uno solo lo conocido y lo desconocido.

Felipe Moncada propone un viaje a partir de la realidad sin un destino fijo pero sí con un número de asiento, y lo irreal es todo aquello que sucede entre medio como una superposición de cotidianidades en tensión; eternamente en suspenso. Hay en esta obra una cierta fuerza de gravedad, un intento por aterrizar fisonomías incontenibles y por sublimar los resquicios del tiempo a través de la memoria y del lenguaje. Es el poeta aquí una especie de sacerdote intentando divinizar la unión entre dos seres de especies distintas, perorando y bregando por entender si ese gesto o el otro serán o no el sí necesario para llevar a cabo el enlace. Cómo saberlo, para que la ceremonia no sea eterna, para que no estallen los techos por la inclemencia del tiempo...? sólo el lector (único testigo ) podría dar el sí o el no, y quizás sin darse cuenta pronuncie susurrando entre poema y poema "hasta que la muerte los separe" y desee larga y feliz vida a los amantes, en ese lugar donde seguramente, confluyen lo real y lo irreal.