DAWSON DE ARISTÓTELES ESPAÑA: UN RETORNO AL

VIENTRE DE LA IDEA.

Por Oscar Barrientos Bradasic.

"Tengo el alma, Señor, adolorida

por unas penas que no tienen nombre

y no me culpes, no, porque te pida

otra patria, otro siglo y otros hombres"

Poema escrito en prisión por el general Bachelet en el mes de febrero de 1974.

 

El panorama de la poesía chilena escrita en los últimos veinticinco años muestra una serie de proyectos escriturales donde dialogan elementos de alegorización con la evidente fuerza de la realidad, provocada por el contexto dictatorial. Todos estas propuestas poéticas comparten- en el decir de Oscar Galindo- un componente común "la inevitable relación entre discurso literario y realidad".

En ese sentido, se ha hablado de una vertiente en la poesía chilena actual denominada testimonial, tendiente a registrar ciertos acontecimientos generalmente bajo el apremio de la urgencia histórica y muchas veces signado por los discursos de la represión. De esta manera tenemos La Moneda de Hernán Miranda, Elegía de Barracón de Aníbal Quijada, Cartas de Prisionero de Floridor Pérez y por cierto, Dawson de Aristóteles España.

Este último libro fue escrito por su autor durante septiembre de 1973 a septiembre de 1974 en isla Dawson, ubicada al extremo sur de Chile y habilitada como campo de concentración por la dictadura de Augusto Pinochet. No obstante, la obra sería publicada después por Editorial Bruguera.

Hablar de Dawson significa necesariamente abordar unos de los libros más importantes de la literatura chilena de post- golpe, en su innegable capacidad de trazar las expresiones del hablante tensionadas por la atmósfera represiva en ese campo de reclusión y tortura, donde permanecieron desde simples militantes opositores del régimen militar hasta autoridades de gobierno, como el ministro José Toha.

En la presente ponencia se pretende escindir la propuesta del texto en dos sectores claramente diferenciados. El primero de ellos, la etapa donde los mecanismos de la represión se esmeran en la anulación interior del hablante, dejándolo en el umbral de todas las incertidumbres, en este caso el castigo físico sería otro argumento más para provocar un estado de crisis profundo en el perfil interior del prisionero. Por otro, lado consignamos un segundo momento, donde el hablante escarba en sus propios abismos y descubre las respuestas en medio de un dolor que no se aligera al salir del campo de concentración, sino que se suma a una conciencia profunda y asimilada de la historia. De hecho, el mismo texto, sugiere una subdivisión metodológica que sin ser estrictamente coincidente a esta clave de lectura, comparte formas similares del referente testimonial.

Al principio se titula Con Allende y se muestra el corpus poético involucrado con los fragmentos de la agónica idea de una sociedad mejor ante el desgarrador peso de la realidad y en una segunda parte, un conjunto de fotografías que testimonian el paso por el campo de concentración titulado Fragmentos del infierno.

De la misma manera Dawson tiene un epígrafe inicial extraído del libro "Reportaje al pie de la horca" de Julius Fucik donde se plantea esta dicotomía en los estados del prisionero:

"La prisión tiene dos vidas. Una encerrada por completo en las celdas, totalmente aislada del mundo entero, y sin embargo ligada a él por los lazos más íntimos cuando se trata de presos políticos.

La otra, frente a las celdas, en los largos corredores, en la hipócrita penumbra, es el mundo íntegramente recogido en sí mismo, el mundo en uniforme. Un mundo de muchos figurines y pocas figuras"

 

 

 

 

 

    1. LAS MARCAS DE LA ANULACIÓN INTERIOR.

En el decir de Walter Benjamin "no hay documento de cultura que no sea a su vez una crónica de la barbarie". Esta idea, como se verá, se ajusta a la propuesta de lectura de Dawson. El testimonio del adolescente encarcelado en aquella isla inclemente se constituye en un verdadero registro de la barbarie, el hablante desciende (como Orfeo) a los infiernos e intenta rescatar de allí los fragmentos de una identidad golpeada, de un ser derruido por los apremios de sus opresores. De esta manera, el joven se define a sí mismo, y reconoce en su cuerpo las marcas de la muerte:

Fuera del espacio y la materia,

en una región altiva (sin matices ni colores)

llena de un humo horizontal

que atraviesa pantanos invisibles,

permanezco sentado

como un condenado a la Cámara de Gas.

Descubro que el temor es un niño desesperado,

que la vida es una gran habitación

o un muelle vacío en medio del océano.

La visualización de un espacio, en este caso el campo de concentración hace que el hablante incorpore a su esencia, una realidad totalizadora. El mundo se aparece como una prisión, tanto la celda como el muelle vacío y de igual manera, hace uso de una figura personificando el miedo en la imagen de un niño temeroso. En otras palabras, el adolescente toma conciencia que la niñez muere en Dawson, el niño se encuentra en el umbral de la Cámara de Gas, constata la existencia de la muerte y la precariedad de su propia existencia. Luego continuará describiendo la atmósfera en la isla:

Hay disparos,

ruidos de máquinas de escribir,

me aplican corriente eléctrica en el cuerpo.

Soy un extraño pasajero en viaje a lo desconocido,

arden mis uñas y los poros, los tranvías,

en la sala contigua golpean a una mujer embarazada.

En este caso, la experiencia de la reclusión y la tortura obliga a posicionarse del ambiente, de escarbar en sus límites, de reseñarlos, de convertirse, por plantear una metáfora, en "un secretario del espanto". Pero también el dolor es una incisión a las marcas de identidad más profundas. Los guardianes armados castigan a los reclusos para que estos olviden su pasado, entiendan sus errores.

Sergio Vuskovic en el libro titulado en forma análoga de testimonios en el campo de concentración Dawson registra una de las arengas que hace cierto teniente de Infante de Marina a los presos políticos: "Prisioneros: Ustedes tendrán que olvidarse de lo que eran antes. Cualquier conscripto vale cien veces más que ustedes. Chile no necesita intelectuales, vagos, ociosos, como ustedes. Chile necesita soldados y haremos de ustedes soldados, cueste lo que cueste. Oíganlo bien, cueste lo que cueste. El que no quiera entenderlo se quedará botado en el camino"

De esta manera, el discurso de la dictadura pretendía que el preso se reivindicara, limpiara de su conciencia las manchas nocivas del marxismo y reconociera su traición a los principios de un patriotismo interesado, ahistórico en última instancia reaccionario. Basta ver la revista Ercilla en el mes de octubre de 1973 (pp 17-23) donde se muestran los campos de concentración como lugares de retiro donde los presos tomarían conciencia de sus errores y se rectificarían haciendo trabajos físicos y labores manuales.

Tomás Moulian el prólogo de su libro Chile Actual: Anatomía de un mito, plantea los componentes de una moralidad retorcida en los que ejecutaron los crímenes y vejámenes:

"Intento la comprensión de una época plagada de experiencias límite, trágica para muchos, como actores viviendo un mundo donde la aplicación de cierta racionalidad estratégica (la del terror) los condujo a la actuación delirante. Aquellos que intervinieron o masacraron los cuerpos indefensos de otros, se comportaron como si existiera una moralidad en la práctica del sadismo impuesto a la víctimas, un uso de la crueldad justificada por el ‘bien común’: uso patriótico, humanista y cristiano" (1997: 7

En ese sentido, el desprecio por el intelectual, la exaltación del soldado como efigie pujante que borra su pasado en aras del futuro esplendor es la tónica del discurso falsificador de la historia que erigió la dictadura militar. En Dawson hay un poema titulado Infierno y soledad que especifica estas percepciones como rasgos de una incertidumbre latente que se plasma en los versos recogiendo los sentidos de esta atmósfera represiva:

Los Agentes de Seguridad no nos dejan dormir,

interrogan y torturan

A la luz de la luna y de las linternas.

el Comandante comunicó que somos prisioneros de

Guerra,

que el Presidente ha muerto,

que seremos tratados de acuerdo

a los convenios de Ginebra.

La noche se da vueltas en su cama:

Son escenas difíciles de describir en estas líneas.

Pienso en un árbol de Pascua gigantesco

aquí en la Isla, y con juguetes.

El mundo es una empresa privada,

Nuestro comedor es una carpa de campaña.

Colocan diarios murales en el patio.

Allí en los versos de España se encuentran explícitas las comunicaciones que los guardianes del terror imprimen a sus víctimas como un imperativo de salvarlos de las ideas nocivas para la patria y purificar el espíritu nacional. La llegada al campo de concentración comunica al hablante el encuentro con el infierno, un espacio donde se concentran las pesadillas y habita la muerte.

Leemos: ‘Fusilados cinco extremistas’

‘Se construye una patria nueva’

Trotamos todas las mañanas,

Hacemos flexiones,

"sapitos",

después nos lavamos en el río,

nos enseñan cantos militares;

un sargento me dice: "No te metas más en tonterías".

Tenemos deseos de jugar fútbol,

Queremos cansarnos y dormir,

Soñar, jugar al naipe,

Ya llegará el momento del análisis,

Es preciso salir vivos,

La verdad nos espera con sus piernas abiertas.

Esas actividades forzadas no sólo se focalizan en el patetismo del dolor físico. Hay discursos preexistentes que son marcados en la conciencia del hablante. Hemos denominado discursos preexistentes aludiendo a las formas de representación de lo real y de comprensión de referentes, que funcionan como estructuras de reproducción de un determinado sistema retórico. Estos son las canciones militares que los prisioneros están obligados a cantar mientras cortan leña en el bosque apuntados con una metralleta en la cabeza. Un ejemplo, donde esta irrupción de la canción militar con sus motivos patrióticos interrumpen las divagaciones del hablante es el poema Caminos.

Ordenan cantar y correr,

Agujerean nuestra sensibilidad,

Quieren destruírnos como guijarros

Bajo la nieve,

Humillarnos,

Mientras entonamos en alta voz:

"Bajo la linterna, frente a mi cuartel,

sé que tú me esperas mi dulce amada bien…"

En este caso se describe la situación de los prisioneros que trabajan para recapacitar en torno a sus "errores ideológicos" y la represión es acompañada por himnos bélicos que afincan la exaltación de un patriotismo militar, pero paradójicamente de un soldado romántico que le escribe desde la guerra a su amada. La contraposición a la realidad es presentada en forma tan patética que el hablante recordará a su novia en Punta Arenas.

"Y el viento invade los parques de mis sombras,

desordena los faroles, las plantas escarchadas.

Me acuerdo de Rosita en la última navidad,

O con su uniforme de colegiala y sus cuadernos.

(A lo mejor nunca leerá este poema).

Hay olor a nubes enterradas,

Nos golpean,

Mientras una rata camina entre la hierba

"Si es que llega una parte y debo yo marchar

sin saber querida si podré regresar"

Es decir, la prisión que de pronto se torna (como toda la realidad) desea destruir la utopía del prisionero y reemplazarla por un nuevo concepto de sociedad, inspirado en la ideología también utópica del progreso en aras de la patria y sus tópicos que no sólo incluyen las gestas heroicas de los próceres del ejército sino también una forma específica de amar, etc, una defensa de la familia, de la tradición, de la cultura cristiana occidental, a fin de cuentas.

Basados en la lectura que Terry Eagleton hace de Walter Benjamin, los regímenes de terror pretenden imponer en aras de una verdad inspirada en las bases de un gobierno científico. Por ello configuran una historia patriótica homogénea.

Es probable que Dawson sobreviva como una de las obras más interesantes de la literatura chilena escrita posterior al traumático golpe militar de 1973. Pero también es posible que se archive como uno de los registros testimoniales que recordarán ciertos acontecimientos que la historia podría omitir. Su lectura exigirá en el marco de un futuro incierto repensar las condiciones históricas en que se produjeron los hechos, registrar dolorosamente el basamento de barbarie sobre el que, en cierto medida, se funda nuestro orden político y levantarle el embargo a la memoria que las coyunturas han llevado a una atmósfera amnésica, o como dice Aristóteles España esperar el momento en que "las flores del amor y la justicia crecerán más adelante/ sobre las cenizas de todas las dictaduras de la tierra"

 

BIBLIOGRAFÍA.

BRECHT, B. (1973). El compromiso en la literatura y el arte, Ediciones Península, Madrid.

EAGLETON. T. (1995). La ideología, Paidós, Barcelona.

EAGLETON, T. (1998). Walter Benjamin o hacia una crítica revolucionaria, Cátedra, Madrid.

ESPAÑA, A. (1976). Dawson, Bruguera, Santiago de Chile.

JOIGNANT, Alfredo (1998). El gesto y la palabra. Ritos políticos y representaciones sociales de la construcción democrática en Chile, LOM, Santiago.

MOULIAN, T. (1997). Chile actual, anatomía de un mito, LOM, Santiago.

O’HARA, E. (1996). Isla Negra no es una isla, Editorial Barba de Palo, Valdivia.

TRÍAS, Eugenio (1987). Teoría de las ideologías y textos afines, Nexos, Barcelona.