LA NUEVA CANCIÓN SOCIAL CHILENA

 

Por Nano Acevedo

 

 

Cada cierto tiempo, como si una bofetada nos remeciera el rostro, la muerte se encarga hacernos saber lo frágil de nuestra existencia y, parece que algo nos hermanara; nos hiciera medio día más  tolerantes. Es verdad. Lo que pasa es que el hombre teme dejar “este paraíso” y por ello, ante la constatación de lo inevitable, adecua su forma pretendiendo demorar con amables gestos lo inexorable.  Lo cierto es que, cada día nos queda menos saliva para interpelar lo inhumano. Así de sencillo. Lo demás es Tango diría Discépolo.

Se nos viene una elección presidencial, y los privilegiados del sistema en el mundo artístico, corren presurosos a palacio y decoran la desigual mesa de una “democracia grotesca” donde los grandes empresarios ya no saben donde meterse más millones de dólares. Mientras el trabajador del arte y la música sigue dándole al tamborcito de lata, el mismo que Giulieta Massina golpeaba tras el cruel y poderoso Anthony Quinn  en “La Strada”  de Fellini en 1954. No voy a hacer aquí un inventario de lo obvio, sólo un par de destellos, acaso para decirle a La Moneda, que los cantores combatientes, no luchamos para establecer gobiernos débiles con los “mercaderes del templo” y despiadados con el “pobre Cristo” que desayuna amargura crucificado a un sueldo miserable.

¡Que poco saben los voraces, cuánto nos costó sacar al tirano de su escritorio sangriento¡  Nada supieron. Nada vivieron los concertistas de lentejuelas y pianos alegres, que tropiezan en el vals mentecato del poder. Si están ahí es por nosotros, y los votos de diciembre bien podrían buscar otro intérprete de este antiguo molto vivace que ya no aguanta más.

No queremos músicos y artistas, cesantes, ninguneados por la soberbia y el oportunismo concertacionista. Mientras en la gran sopa continental de La Moneda se lanzan a nado los que nunca sintieron el rigor de las cárceles con que se amordazaba la “Peña” heroica.  Aquí la consecuencia y la trayectoria no cuentan; el cuoteo político premia a los cobardes de ayer sus meadas de perro flaco. Y al tableteo frontal de la canción protesta la ningunea el funcionarillo infame.

Creo que la sincronía funciona. Hay señales en el viento; marcas en los árboles que conocemos. Vienen los espíritus de nuestros mayores a cantar en nuestras orejas. Atentos entonces, todo nos hace mirar los viejos barcos que huyen; ciertas miradas que cruzamos desde lejos. Algo me dice que volveremos a desenterrar nuestros nobles armas y reinaugurar con el brío de entonces la Nueva Canción Social Chilena.