Presentación del libro “Ocaso de las buganvillas”

de Jaime Valdivieso

 

Por Jorge Arrate

 

En julio del año 1929 el conocido índice de la Bolsa de Valores de Nueva York, el famoso “Dow Jones”, del que diariamente nos informa la prensa internacional y nacional, bajó 89%. Demoraría veinticinco años en volver a su nivel antes de la “gran crisis”. El super “crash” de la historia del capitalismo impulsó a ricos que perdieron todo a lanzarse al abismo desde los prestigiosos rascacielos y a pobres que no tenían nada a pensar que la crisis general que Carlos Marx había profetizado estaba a punto de perfeccionar sus aniquiladores efectos sobre un sistema económico basado en la explotación.

 

Ese año, 1929, nació Jaime Valdivieso y su infancia transcurrió entre aquel impactante acontecimiento que golpeó inclemente la economía chilena y la victoria de Aguirre Cerda nueve años más tarde. Efectivamente, Chile sufrió como el que más. Su economía demasiado abierta, fundada en la dinámica de sus exportaciones primarias, generó un tiempo trágico de desempleo y más pobreza. El 26 de julio de 1931, estudiantes, médicos organizados y ciudadanos en general derrocaron a Carlos Ibáñez. Marmaduke Grove se convirtió en el líder carismático de aquella década y encabezó las esperanzas de masas empobrecidas, desordenadas, de participación política aluvional. El Frente Popular inauguró un nuevo momento en 1938. El movimiento obrero había cristalizado entonces dos vigorosos partidos de trabajadores, el Comunista y el Socialista, y el radicalismo se erguía como el legítimo representante de capas medias que, a partir de 1920, se habían convertido en protagonistas de una política hasta entonces marcada por el sello feudal y elitista de la oligarquía agraria.

 

“Ocaso de las buganvillas” nos relata, desde la mirada de un niño, de un muchacho, de un joven, los rasgos de esa época en que el predominio de la gente rica, propietaria de haciendas en gran parte inexplotadas y de prestigiosos viñedos, sería puesto en cuestión por nuevas profundas tendencias, algunas más subterráneas que otras, difíciles de apreciar de inmediato, que surcaban la sociedad chilena.

 

El relato de Valdivieso es desde dentro de ese mundo, en primera persona, cargada la prosa de una tensión que se siente hasta en los menores detalles de la cotidianeidad que despliega ante el lector. Fluye de la narración una mezcla de nostalgia familiar y de arrepentimiento por culpas que no son propias, de dramático realismo y de indignación, de una rebeldía sorda, particularmente de rebeldía. El punto de vista que marca “Ocaso de las buganvillas” no es el del subordinado sino el del dominante. La voz que relata lo hace “desde arriba”, pero lo hace a veces con dolor, con desprecio o sorpresa, se diría, ante su propia clase, con repugnancia por las costumbres de una cultura que le provocó reflexiones, primero, aborrecimiento luego, y de la que, en definitiva, consiguió distanciarse. Si es casi siempre heroica y admirable la historia de los dominados, por el carácter de epopeya social que tienen sus luchas, por las dificultades que enfrentan, que aparecen como casi insuperables, y, por tanto, son gran material literario, también lo es la de los rebeldes. En Chile, desde Francisco Bilbao y Santiago Arcos, hijos de la burguesía más recalcitrante tuercen la ruta marcada por el manifiesto destino familiar para reconocer filas en el campo opuesto.

 

La historia que nos relata Valdivieso es una de esas historias. La de un muchacho que se forma en un país estremecido por los sucesos mundiales:  la crisis ya mencionada, la guerra que se viene encima y luego se vive, acá desde lejos, sin los muertos a simple vista, sin holocaustos visibles, sin los dolores de los bombardeos o la mortal intrusión de los tanques. Tal vez por eso todo está cambiando en el Chile de entonces pero, en verdad, no tanto como querían los bien esperanzados. La sociedad está, mucho más que otras, impregnada de Gatopardo; recupera viejos tejidos, los reconstituye bajo formas renovadas, con nuevos protagonistas. Esa sociedad sin guerra en un mundo de guerras no siente los mismos dolores ni padece las mismas laceraciones que aquellas que quedan despedazadas, hechas añicos. Chile seguirá siendo Chile hasta la insurgencia cultural y social de los sesenta y, de esa manera, el ocaso de las buganvillas no será definitivo.

 

Se anuncian nuevos textos que continuarán esta novela de formación, que pudiera ser autobiografía novelada, que pudiera ser memoria. El género importa poco, nos dice poco. Es el texto el que nos habla y cada uno interpretará como quiera ese lenguaje. Porque el Jaime Valdivieso que pudiera ser el yo de la novela, de ningún modo pudiera ser Jaime Valdivieso actual. Es otro. Aquel que veraneaba en el fundo familiar cerca de Valparaíso ya no es y el que sí es mira a ese como un personaje con el que tiene una identidad y una distancia necesariamente determinada por los claroscuros de la memoria, sus borrones y manchas, y por la fecundidad de una imaginación.

 

Sí, pero aunque este Jaime no es ese Jaime, veinticinco libros unen a uno y otro. Quienes como yo hemos tenido en algún momento la oportunidad valiosa de aprender de él como su alumno, apreciamos que esos Jaime Valdivieso que han pasado, han sido, como nuestro Valdivieso de hoy, todos, grandes señores de la letra, personificación de una inagotable vocación literaria, de un pensamiento signado por la honestidad y de la dignidad en el uso estricto, delicado, amante, de la palabra escrita.