ARISTÓTELES ESPAÑA (Castro, 1955) Licenciado en Derechos Humanos en el Instituto Argentino por los Derechos del Hombre y con estudios en Comunicaciones y Guión Cinematográfico. Ha publicado entre otros libros: "Incendio en el silencio" (1978); "Equilibrios e Incomunicaciones" (1980); "Dawson" (1985)"; "Contra la Corriente" (1989); "El Sur de la Memoria" (1992); "Poesía Chilena: La Generación NN" (Antología, 1993) "Los Pájaros de Post-Guerra" (1995); "Tardes Extranjeras y otros poemas" (1998); y "Materia de Eliminación" (1998). En 1983 obtuvo el Premio Gabriela Mistral de la Municipalidad de Santiago; en 1985, la Primera Mención del Premio Rubén Darío, del Ministerio de Cultura en Nicaragua y en 1998 el Premio "Alerce" de la Sociedad de Escritores de Chile y el Consejo Nacional del Libro por "Materia de Eliminación", entre otros galardones. Actualmente dirige la colección de poesía Encuentro y el sello editorial "La Pata de Liebre".

 


SOBREVIVENCIA EN EL BAR

Entraban los ratones a morder el último vino del miércoles,
llegaban con libros y sombreros gastados, llegaban, mordían.
Querían que la destrucción no sea tan dialéctica, eran copas!
Les decíamos ratoncitos, en tardes como incendios o árboles.
Y bebíamos el mundo, la marea, el ombligo, sin escalas, ¿sí?
Ellos, es decir, nuestros ratones, se perdían entre parroquianos.
Las exigencias eran duras: siempre el páramo, las velocidades.
Se exigían algunas derrotas, por supuesto. No todo era miel.
El detalle exacto lo tenía la capacidad de ser un Gran Bandido.
A los ratones les gustaba morir todos los días, nosotros ahí;
Las pesquisas eran arduas, había palabras ya gastadas, mitos.
Llegaban grandes barcos con ratones vestidos de capitanes!
Pero el asunto era de vida o muerte, no había término medio.
La poesía en el aire y la muerte también, como un Gran Ojo!
La vieja costumbre de los finales, los procesos tardíos, todito!
La mesa tenía un Germanoe, un Jorgiño, un Rolanhoe (el bar)
Un Ivanoclasta, un Juanguz, un Ramondi, un Ramoncarmo,
un Augustito, un Alvarote, un Roberara, Un Enriqueval (el bar)
Y en el fondo del bar, también se instalaban gusanos mustios!,
eran los viejos minutos de la especie, la tempestad y los retos.
Una tenaz lucha entre resúmenesy vacíos, la soledad y la espera.

(A Rolando Cárdenas y Jorge Teillier. También El Chico Molina.
La Unión Chica, Nueva York 11, Santiago de Chile, 1983)

 


MATERIA DE ELIMINACIÓN

Era una mujer que sonreía en la avenida Village
y alzaba sus edificios,
sus lanchas inglesas,
especialmente
- las eróticas del Village
- las crucificadas
- el viejo ángel industrial
con sus iglesias abiertas:
esa mujer tenía un pez
y caminos en bicicletas
para sus demonios:

"la mitad del rito y la fascinación
de ser una cebolla en el capitalismo,
un ancla para el deseo de sicoanálisis"

y, como temíamos,
la mujer seguía sonriendo con sus
helicópteros,
sus dulces de banana,
viejos automóviles color rosa,

PERO MÁS:

a) la pierna torcida en la Era
b) un aborto en la Rue Cadillac

con nuestro espacio para esa yegua verde del
hipódromo,
donde acudió la mujer
con sus cinco sentidos
su paraguas
y todo el viento que la hacía navegar en calles
llenas de cemento e idiomas,

con millones de espermios
y pingüinos de América del Sur,

o bien:

LA DISTENSIÓN ¡OH, POETAS!

La memoria de la marginalidad

El tren de la cultura y el strip - tease

De la respiración en Occidente.

 

LA CHICA DEL HOTEL ROYAL

En el Hotel Royal amanece todos los días un
solitario sol /
y una mujer italiana de marca YOUNG, con dos
pies en el ojo y una cruz italiana, sin duda;
a través de la cual llora y canta canciones sajonas;

Esa mujer canta en mi oído izquierdo
y la música me llega a través de 200 metros,
pues allí duerme una mujer extranjera,
con la cual jugamos ajedrez
los días martes,
y OH!
DE AMORES NO SE HABLA,
y llega la música al oído,
con fuerza,
y el HOTEL ROYAL, muy lejano,
se pinta de rojo,
rojo,
rojo!
y la mujer italiana me invita a volar
hacia ella;

y entonces, mi amiga extranjera
llora desesperadamente y también se ilumina,
y nos trasladamos de Italia a Boston,
del Hotel Continental, a Mueca

 

EL OTRO INVIERNO

Las voces de mis primas arden en dirección a un
/enero que se fue.
Todas reencarnadas, pequeñas leyendas,
ubicándose en el agua donde eran más duendes
/que mujeres:

Imitaciones vagas, un cuadro de Renoir,
carreras en el patio donde devorábamos el asado
/ navideño.

Vuelve a repetirse el mismo sol en sus muslos
después de doce años,
esa lucha por parecernos a parientes remotos
como si nada hubiera sucedido,
y eso de usar siempre los mismos disfraces.

También una danza que ya no recuerdo
y afiches religiosos,

con los magos que regresan de una historia
/ diferente cada día,

con imágenes de leones muertos
y ese bombardeo en los órganos sexuales,
y el mismo final en boca de hijos imaginarios:

Fotografías viejas que empiezo a destrozar en el
/ cuarto
de una húmeda pensión en calle Diez de Julio en
Santiago de Chile en 1981,
reteniendo el aire,
mientras miro, inmóvil, los huesos en la pared.

 

TINTA DESCONOCIDA

"No te olvides del lector
po
po
poe
ta:
el lector de poesía
es el más exigente inteligentísimo
culto preparadísimo!"
RODRIGO LIRA
(DE: "Sermón de los Hombrecitos Magentas")

Qué extraña es la luna de esta provincia.
Con un caracol en los ojos
Y un niño encima de la eternidad,
Una escuela pintada de negro
Y una flauta en los dedos
De todos los habitantes.

Porque veo un árbol
Y las novias ya no dan vueltas por la plaza
Sino que empiezan a arder y son imágenes.
Y TÚ EMPIEZAS A SER MALA
CUANDO LA LUNA ESTÁ LLENA,
Y es agua - me dices- la luna tiene agua,
Y te subes también a EL ÁRBOL PRINCIPAL,
Y saca tu pañuelo como yo, te digo,

Gritemos basta ya!
Que el mundo sea un grito o una manzana
Y todos nos miran asustados
Y tú ríes y mueves las manitos.

 

LA VENDA

La venda es un trozo de oscuridad
que oprime,
un rayo negro que golpea las tinieblas,
los íntimos gemidos de la mente,
penetra como una aguja enloquecida,
la venda,
en las duras estaciones de la ira
y el miedo,
hiriendo, desconcertando,
se agrandan las imágenes,
los ruidos son campanas
que repican estruendosamente,
la venda,
es un muro cubierto de espejos y musgos,
un cuarto deshabitado,
una escalera llena de incógnitas,
la venda
crea una atmósfera fantasmal,
ayuda a ingresar raudamente
a los pasillos huracanados
de la meditación y el pánico.