ÁNGEL VALDEBENITO VERDUGO (Freire, 1978): Libros: “Papeles de la Villa Hostil” (pewma ediciones, 1999); “Inventario de Especies (inédito). Habita en Pasaje El Laurel 5725 block 14 a Departamento 23, Huechuraba código postal 858 – 0730 Región Metropolitana Chile.

(De “Papeles de la villa hostil”Edic.Pewma, con prólogo de Jaime Luis Huenún.)

Cae una moneda sobre la tarde ¿sello? ¿cara?, nadie apuesta;
todos sueñan su suerte en silencio.

***
Como un aliento de perro moribundo él vaga por las cantinas
en que nunca ha deseado estar. Siempre alerta para intentar el escape,
se corona día a día al fondo de una bodega o un corral
que el ganado ya no respeta. Al interior de sus ojos no acepta
presencia de dios alguno, si apenas aguanta la propia a regañadientes.
Con las manos en los bolsillos tantea en busca de algún escondrijo;
le bastará sólo uno para olvidarse a si mismo y marcharse
sin siquiera decir “adiós a todos” o “adiós a nadie”.


(De su libro inédito “Inventario de especies”)


Arañas de rincón

Nosotros somos el bullicio en los estrechos caseríos.
Vamos con euforia por la calle
convencidos de cualquier cosa,
menos de nuestro andar.

Ninguneados hasta el cansancio
por padres y parientes.

Abrazamos la humana libertad
a toda hora en la pantalla de TV.

Somos un solo bicho rechinando en el invierno,
escuchando con claridad
el zumbido de las micros
y los diarios alegatos de las casas vecinas.

Cicatrices y apodos
nos desdibujan el nombre.

Cansados ya a temprana edad
y con los ojos moribundos.

Somos el silencio
en las ataviadas calles.

 

Doméstico

Se ha escrito mucho acerca de mis costumbres más convencionales (saludar con un sinuoso movimiento del brazo derecho y un bramido corto, encoger el cuerpo hasta el límite en señal de descontento, etc.), ocultando en cambio aquellas menos respetuosas de la tradición protocolar de nuestra especie. De ahí el silencio ante mi afición por la estrategia bélica.
En las escuelas, los dibujos me representan como un ser sumiso y amigable, apenas corrompido por un inextinguible apetito. A espaldas de aquello está lo más honesto de mi vida: colecciónes de carros de combate, libros sobre armamento, mapas colgando en el taller, réplicas de los soldados de terracota y otros tantos artículos comprados, hechos y recogidos durante años. En tanto, el gesto de mi mano frente al espejo ya no es rígido ni solemne, aletargado por el sopor de las multitudes, no alcanza para emular a los vigorosos generales cuyas historias tanto me apasionan.
Recuerdo un día de infancia con sonido de tambores tras el corral. Llegaban a mí las severas voces de un ejército cuyos triunfos más tarde conocería. Territorios conquistados con esfuerzo y numerosas bajas; nuevas regiones y riquezas para las manos abiertas de la nación que hoy impone la pasividad por decreto, el protocolo, la opacidad de las voces; capitulación ante una civilidad absurda. El humo de la conciliación satura las ciudades con su desprecio por la tropa. Así, proscrita cada criatura que honre las armas, nada queda más que callar ante las gentes, esperando la noche para vestir uniforme frente al espejo y ensayar posiciones en una estrecha habitación, con diminutos batallones esparcidos por el piso.


 

Educandos

Nos vociferaron gravemente:
“Darás a cada día un pedazo de tus sueños”.
De ahí en adelante, nada.
Ni una palmada o mano siquiera
Para uno pensar:
“Están ahí atentos siempre
y reabrirán los libros aquellos”,
pero nada,
tampoco hicieron sonar sus palmas
y nosotros
ya héroes de nuestros vulgares días,
reescribimos los libros y
revisamos el sentido de cada frase
en las rondas y poemas,
conviniendo una nueva forma para nombrar las criaturas,
cambiando incluso el compás
en el crispar de los dedos.

Luego ellos reaparecieron,
pero ya habíamos avanzado lo suficiente
y teníamos un pedaleo casi espontáneo.

Los vimos murmurar entre sí con intención de hablarnos,
pero nosotros los miramos con rigor
y los echamos de casa:
“Para que anden -dijimos--
para que aprendan”.

 


Piedras

Nos llega el sol.
Nadie sabe como afrontarlo.
Somos un puñado
(cada vez más disperso)
de voces iguales
tiradas por el patio.

Gente afuerina
ha dicho
que nuestra vida es una jaula.

Comemos tarde
y torpemente,
bajo un mismo cielo
y sobre la misma gravilla.

Por las mañanas,
recogemos escombros
que asemejen personas,
para emparentarlas
y separarlas según
nuestra voluntad.
No abandonamos este juego al crecer,
por lo demás
no envejecemos hacia arriba,
sino incrustándonos en la tierra
gradualmente,
hasta que sólo queda al aire
el brazo menos diestro
que en vida hayamos tenido.

Alrededor merodean los niños
y los tábanos.

Gente afuerina
dice
que moriremos asoleados.

 


Quien navega en frágil nave

Quien navega en frágil nave
por aguas de interior,
vuelve pronto,
espantado,
como fiera que al morder el propio cuerpo
comprueba el abismo inconquistable
de su ira.