ALÓ… ALÓ

Por Eduardo Díaz Espinoza

De veleros y buques sabía el chico Díaz, más conocido como el "tumba cerros". De literatura, ni hablar, apenas leer y "escrebir", pero tenía más historias que "Quintín el aventurero", y había recorrido más mundo que el inexperto yanqui, Indiana Jones. Navegó toda su vida desde fines del siglo XIX y la segunda década del siglo XX en clippers de cuatro palos y buques a vapor, hasta naufragar en las playas de un vaso de vino tinto en el decadente puerto de Tocopilla… se embarcó hacia la muerte en el velero fantasma que lo esperaba. Toda la parentela atroz, no tenía por qué saber, porque no tenía la menor idea, que nacería en esas callejuelas tocopillanas, en alguna de sus casas, el hijo del falte, al que luego el mundo literario conocerá como Alejandro Jodorowsky. Por cierto, el chico Díaz no tenía nada que ver, él sólo era un marino de pancho y que terminó sus días como tocopillano, después de haber dado varias veces la vuelta al mundo.

Y de entonces me he ido leyendo novelas acerca de veleros y los buques, con bulla de cadenas y picadillo de lenguas ignotas, con esa interesante gallada navegante

"Era una mañana llena de sol y de quietudes infinitas. La bahía de Antofagasta, al amanecer

suele estar tranquila, sumida en un dulce aquietamiento. Solo una débil ondulación de la sá-

bana marina, aquella mañana transparente, henchida de promesas, hacía mecerse levemente

el buque, que iba a tomar su fondeadero." ("La Derrota", novela, Caupolicán Ponce, Valpa-

raíso, 1924)

Pero los hermanos Ponce, escritores y educadores, médico, abogado, políticos, uno de ellos fundó un pueblo: Pampa Unión, el doctor Lautaro y su hermano Galvarino, nos describen las miserias de los "enganchados" en su quemante libro:

Es "La Derrota" una de las tantas novelas salitreras y con presencia marina a través de la recalada de buques y el personaje que llega desde "el sur". De denuncia social, agudiza sus dardos contra la represión en la oficina "San Gregorio", narrada en primera persona donde hace presencia un sujeto siniestro como el croata Harasich, personaje presentado en clave; pues se acerca absolutamente a los rasgos de un conocido individuo de esas características que vivió en Antofagasta. Más tarde Mario Cortés usará también el manejo en clave para sacar a luz miserias de otros inmigrantes en su novela "Los Hijos de Kaz"

Pero los hermanos Ponce, escritores y educadores, médico, abogado, políticos, uno de ellos fundó un pueblo: Pampa Unión, el doctor Lautaro y su hermano Galvarino, nos describen las miserias de los "enganchados", así como su hermano Caupolican nos entrega una novela salitrera, los otros dos nos dicen en su quemante libro amarguras que da la miseria:

"En alguno de los vapores caleteros baratos ven alejarse i dan la última despedida a la tierra que tan ligeramente abandonan, impresionados por la espectativa de días mejores i de futuras felicidades. Nunca pensaron de que pudieran ser víctimas de un engaño, que no fuera verdad lo que les refirió el patrón de gruesa cadena i medallón de oro. Ya en la cubierta desmantelada del vapor empiezan los sufrimientos a embargar el alma de esas familias sencillas i buenas. Echados sobre las tablas del piso, tienen que acomodarse como pueden. La navegación los enferma, los marea, la comida no es buena; y se les da a horas que no tienen costumbre de servírsela, el viento o la brisa del mar pasan palideciendo los rostros de los niños. El movimiento del vapor les impide moverse libremente, ellos mismos lo dicen, se sienten acorralados" ("Los Obreros del Salitre", Santiago, 1911)

Pero, estamos navegantes y ya nos "topetamos" con Klaus y Achazo, interesantes actores y protagonistas de esa brava novela con realismo de acción y denuncia, la de Theodor Plievier: "Rebelión en la Pampa", los personajes son un joven alemán y un bravo marino mapuche protagonistas de una serie de revueltas tipo soviética, hasta desembocar en la heroica rebelión de los suboficiales y marinería en la armada de Chile (1931), la novela es como un manual de concientización y a la vez deja suelta la vía de escape al sentido de aventura del lector. Klaus y Achazo se habían embarcado en Hamburgo en el "Cap Finisterre", ambos se despiden dramáticamente bajo circunstancias amenazantes… termina Klaus volviendo a Alemania bajo la bota nazi.

"El silbato agudo del marino es un aullido en la brisa del Pacífico Sur". Con sentido de humor y negra bilis abarca en "Guano Maldito", (Cochabamba, 1977) de Joaquín Aguirre Lavayén, las que cree son las causas del drama de la mediterraneidad de Bolivia, acotando: "Más de mil barcos cargados de guano se movían al soplo de la brisa del mar. Semejante movimiento de mierda no tenía que envidiar al de los actuales barcos petroleros".

"El galeón de los corsarios navegó cerca de la costa sin echar botes al agua. Mermó su andar y pareció que todos los de cubierta y del castillo de popa se habían puesto a mirar." Tenemos a la filibustería de cuerpo presente agitando puños y secando cuarterolas de vino y ron, son los de la hermandad de la costa que irguieron en las arenas ribereñas de Guayacán la bandera negra de tibias cruzadas, como leemos en la tercera obra póstuma de Mario Bahamonde, "Gente de Greda" (Nascimento, 1981)

Importantes personajes de la talla de un Otto Kuusinen, personaje invisible en el Partido Comunista alemán, el discutido y temido camarada Koba, (José Stalin) líder bolchevique, y también un joven Espartaquista germano, marino bisoño, que luego abjurará del comunismo, mueve los hilos en la novela de Jan Valtin, "La noche quedó atrás": "El libro más terrible y más sensacional que he leído en este siglo", señaló F. D. Roosevelt.

"Deserté del barco en Antofagasta. Durante siete meses, a lo largo de la costa chilena, llevé la vida de un vagabundo. Trabajé en la cuadrilla de un aparejador, en la reparación de cierto número de viejas embarcaciones en las radas de Antofagasta e Iquique y allí adquirí un conocimiento práctico de la marinería de viejo cuño y también del español… un agente de colocaciones de Antofagasta me contrató para las minas de cobre de Chuqui, allá en las estériles montañas de los Andes." (Jan Valtin, "La Noche Quedó Atrás" 1941, Editorial Claridad, Buenos Aires).

Nicomedes Guzmán, a quien su hijo culpa de un único libro, que nunca conocimos; "Croquis del Corazón" un poemario que data del año 1934 dedicado a la que fue su compañera Lucía Salazar Vidal, si el mismísimo Nicomedes Guzmán que una vez usó el nombre de Darío Octal, nos da visos de sus cercanías costeras, en:

"Al resguardo de los cerros parduscos, Iquique enciende sus calderas humanas, rumorea en su actividad portuaria, despide un barco que zarpa, recibe un tren que llega desde las pampas, asomándose por la boca inferior del túnel de herradura abierto en su pecho, medio a medio de las altas rocas." (Nicomedes Guzmán, 1963).

Salvador Reyes nos dejó una impresionante bibliografía marina, y una obra de teatro que Pedro de la Barra adaptó en su estilo y donde jugaron roles inolvidables esa pareja de cómicos de verdad, teatreros hasta la médula: Teresa y Mario Vernal, junto a un apreciado elenco en "Redención de las Sirenas". Nuestro querido Lavquen hizo antofagastino a Reyes en "Valparaíso en voces enamoradas" ("Punto Final" Nº 514, 25 de enero del 2002) Bueno, al copiapino Salvador Reyes, más de alguien también lo asoció con el gentilicio de taltalino. Cosas del Norte.

El Santiaguino Benjamín Subercaseaux que algunas veces ancló en Antofagasta, y bebimos unos tintos en mi mocedad, junto a Mario Bahamonde, Manuel Durán, en casa del querido finado Alex Galetovic que los dejó retratados para la historia. Otro que no olvida nunca el mar del Norte, es el ex avencidado antofagastino Marino Muñoz Lagos, que hizo encallar su barco en Punta Arenas, y la lista suma y sigue.

Poetas Nortinos también se han esmerado con el mar, pero eso ya lo veremos algún momento.

Entre buques y veleros, entre el mar, pampa salitrera, y cordilleras, esto pasa y va ocupando espacio y páginas en la literatura Nortina, unos autores se jactan y destacan su identidad regional. Otros, se dimensionan caminando por diversas calles del mundo sin notar para nada su tierra de origen.