ALÓ ALÓ   V

 

 

Por Eduardo Díaz Espinoza

 

 

Julio Asmussen Urrutia

 

   El teatro funcionó en Antofagasta ininterrumpidamente  desde 1909 hasta 1928, “en que como el oso malo, se coló de rondón en la sala, el cine sonoro.  Hablamos de teatro con restos de clasismos, sainetes, saliéndole un aire apodíctico donde los actores eran lo que eran, con esas  pintas especiales de galanes tilingos, usando como instrumento un lenguaje poético alambicado, tejido con palabras y oraciones especiales, y frases atildadas.

 

   Para don Julio Asmussen la vida teatral fue “como la luz que se descompone al pasar a través de un prisma en una cámara y va desde el ultravioleta hasta el infra-rojo, los dos límites peligrosos, a veces mortíferos de frecuencias extremas. Esto quiere decir que mi ámbito teatral ha sido amplísimo –y acaso por ello mismo sin extraordinaria proyección-. Y colocando en un polo al espectador que fui en los primeros años y en el otro al autor teatral, ha pasado por una  gradación que abarca la crítica, el espectáculo musical, la dirección de orquesta sinfónica provinciana, la serial policial en radio, la dirección teatral y la calidad de empresario… teatral y cinematográfico, en el sentido , esta última de productor: un recorrido romántico y sentimental, rico en recuerdos ya que no en dinero; abundante en experiencias, aunque no me atrevo a opinar si fecundo en resultados. Lo único que se , es que me siento personalmente satisfecho y que este acopio de medio siglo no ha borrado en mi corazón –gracias a Dios-  ni el espíritu quijotesco, ni el profundo amor al Teatro, que será la almohada en que se duerma mi último día.” ( Julio Asmussen: Teatrografía (Cincuenta años de vida teatral, 1972 Servicio de Extensión Universidad de Chile, Antofagasta)

 

   A nadie le cabe dudas que el salitre y las riquezas que prodigó con su auge, también los terribles sacrificios y dolores de la clase obrera pampina y que sus familias soportaron, permitieron  a las ciudades de Iquique y Antofagasta ser las plazas teatrales más sólidas del país.

 

   Para la revista Zig-Zag, citado por Lautaro García: “El teatro en Chile” breve artículo se dice: “Bien pocas novedades puede ofrecer  el movimiento teatral de Chile, reducido escasamente a Santiago y Valparaíso. Son siempre las mismas piezas y los mismos artistas que ayer y que anteayer”(En: revista Zig-Zag Nº 5 de 19 de marzo de 1905)

 

   Pero ya lo hemos dicho, y están las pruebas de la vida teatral que  la riqueza salitrera pudo traer y trajo lo mejor.

 

   Acotamos también que abundaban mujeres de todas las nacionalidades en los prostíbulos donde se desataba a correr como río a raudales la champaña francesa y el whisky escocés, ah, las féminas, las féminas y el teatro.

 

   Noche a noche mil ochocientas plazas entre palcos, platea, anfiteatro y galería repletas de público ávido.

 

   ¿Por qué Julio Asmussen?, pues de él tomé el Aló Aló… que viene de su pieza de teatro más célebre, Asmussen fue un muchacho activo y fervoroso de la teatralidad, por la década del treinta datan sus primeras obras. “Mientras tanto –dice nuestro dramaturgo- escribía comedias que luego arrojaba al canasto de basura.  Treinta fueron así las perdidas”.  Nunca recordó los argumentos de los escritos idos al tacho de la basura.

 

   “Dos mujeres” fue uno de los primeros éxitos del dramaturgo nortino donde la protagonista fue nada menos que la famosa Venturita López Piris, aunque Alejandro Flores quiso estrenarla no pudo hacerlo por faltarle dos actrices.

 

     Luego siguió el éxito “Aló, Aló número equivocado”, estrenada en Viña del Mar en el Teatro Imperio fue uno de los grandes acontecimientos teatrales con cerca de 300 representaciones, a teatro lleno, con 619 plateas aparte de las localidades altas, también a tablero vuelto estuvo por 16 días en el teatro SATCH, que tenía 1300 localidades, con Jorge Mistral y Silvia Pinal, que protagonizaron luego la película que se filmó en México, con el nombre de “Desnúdate Lucrecia”. Como consecuencia del éxito fue presentada en Madrid, y tuvo 130 representaciones en Buenos Aires.

 

    Otro de los éxitos del dramaturgo nortino fue “El infierno de los dioses”, una sátira vodevilesca, que se mantuvo por espacio de tres meses, repitiéndose con éxito por importantes ciudades del sur de Chile.

 

     Lleno del gloria teatral don Julio Asmussen Urrutia se fue definitivamente para no volver en 1971, llevando tras sí una vida de medio siglo en la actividad seria de los cómicos: el teatro.