ALFREDO LAVERGNE (Valparaíso, 1951): Se radica en Montreal, Quebec, Canadá, en 1976 y se suma al estudio de la obra huidobriana, a la poesía japonesa (Haiku) y a la creación literaria. Colabora en revistas especializadas, festivales y periódicos. Su obra ha sido incluida en diversas antologías y revistas de Canadá, México, Estados Unidos, España y Chile. Ha publicado nueve libros de poesía en castellano y tres bilingües en idiomas castellano-francés. Ha publicado: Cahier Fluvial: Montreal, Levres Urbaines 1997; El Puente: Montreal, Orphée 1995; La mano en la velocidad: Montreal, Orphée 1993; Alguien soñó que no moría/On ne rêve pas encore à la mort: Montreal, Orphée 1993; El viejo de los zapatos: Montreal, Orphée 1991; Retro-perspectiva / Retro-perspective: Montreal, Orphée 1991; Palos con palitos: Montreal, Orphée 1990; Rasgos separados / Traits distinctifs : Montreal, Orphée 1989; Índice agresivo: Montreal, Orphée 1987; Alas dispersas: Montreal, Orphée 1986; Cada fruto. Montreal, Orphée 1986; Desde el suelo: Montreal, Orphée, 1981.

 

(LA XIV REGIÓN DE UN LEJANO CHILE)

no somos la justicia. Pero debemos analizar
ciertos acontecimientos, como si lo fuésemos.

Más allá del malestar de la quinta vértebra.

Los recuerdos de Chile.

Los de la levedad de repetidas ciudades
en que se confunde lo que amábamos
y los de líderes de afilado laurel
que pasaron por la quema de huelgas.

Los de aristócratas
con cuellos de longitud media,
de abstraídas reacciones,
respuestas
y tránsito facial fino.

Los de asesinos
de perfecto equilibrio nervioso,
hormonal
y temperamento enérgico.

Y los de la presencia de tránsfugas
de la propiedad privada,
que atravesaron de la vereda azul,
a la roja, a la del frente
y que en la nuestra doblaron pelaje.

Todos ellos líderes,
que muestran la textura artificial
de las venas de la Parrala...
Que les gusta el vino; que no, que no,
que sí, que sí,
que el aguardiente y el marrasquino
.

Que se apoyan
en salvoconductos inventados
por un más alto de ese olor sanguíneo,
que desde la mirada pariente a la fisura del rezo,
les ordenara para siempre,
mantener la cola baja
y metida entre esquiones.

No mostraremos
el boquete que crearon acá.
Ni el vacío
donde caen sus ofrendas.
Ni el espacio
que hemos fabricado morbosamente en poesía.

( Separemos
también la palabra desde su origen)

Hay que buscar
en los carnavales transformistas,
los añicos, las partículas, los pedazos
y en los fragmentos carcomidos de la facultad,
de la práctica del precedente por el embudo.

no es por descuido,
tal vez porque por un momento,
pensamos que la imagen
de esos teledirigibles era concreta
y sólo más tarde lo fue
- al pasado y pasó.-
los residuos del calendario hacen una grieta
sobre las manchas que dejamos
en las arterias principales.
Unidos al que se dijo Excepcional
y educado para lidiar
contra la postura de los suyos.

Todo fue, porque ya no es
y nadie confirma la regla de ese Chile.

Nos enteramos,

que los estribos postulan al perdón,
que existe un idioma para lagartijas,
que controlan los crines de caballo
y pretenden
que estuvieron en nuestra casa.

Con ellos vienen sollozando
viejos ademanes,
y en las quebradas de las flores,
hablan por nosotros.

Son las voces de los descendidos.

¿Cómo es posible que olvidáramos
la inseparable identidad del símbolo
y la forma?

Que el proyecto
de la Concertación por la Justicia,
se bajó de un cartujano.

Y repiten,
que ninguno de ellos tiene nada que ver
con los labios que dictaron la orden
y nadie con el discurso que fue un simulacro.

.........Cada vez y más con los años

 

POEMA A UN AMOR LARGO

No escuché nada,
porque ellos hablaban al mismo tiempo.

Las hierbas empujadas por la humareda,
arrastradas por la borrasca,
se quebraban
en las ventanas abiertas por el perseguidor
o por el fugitivo que escapó de la saliva uniformada.

Tenía fin el agua de manzanilla en la taza sitiada
y los niños,
lanzaron las varillas de los neumáticos a la barricada.

Hubo que elegir entre alas,
el viento
y ese soplo que es la palabra
para lo que no había espacio.

Nada.
Sólo ser nombrados
por aviones que cortaban las nubes
y con el tiempo,
al pie condenado a buscar el cuerpo
o a perdernos del tronco entre tantos Chile.

No escuchamos y ellos tampoco.

Un poco más arriba,
algunos se declararon diferentes contrarios,
dejaron que les timbraran la resignación al olvido,
abandonaron las fechas de los periódicos
y las fotos que otros chilenos
cuelgan en los parques de esta ciudad.

Cuando les dijiste casa,
cada vez que cerraban una carta,
cada vez que miraban los titulares,
cada vez que se sentaban al noticiario,
cada vez que descolgaron el teléfono,
o cuando teclearon en conection,
optaron por intentar penetrar sus lenguas

por debajo
de los portones de los siempre bunkers.

Amargos huemules.
En las curvas de sus hombros,
dejaron pintarse
el galardón de la etapa que no existieron.

Los aviones atravesaban los pechos
y tú también. Oh Chile.

Más de dos tipos de mirada acechaban.
El silencio y el secreto
mordían la cola de los colaboradores.
Se escondían en el barrio,
en nuestras casas y trabajos.
Así familiarizaron en la zarzamora,
desmigaron la carne de la loica,
compraron al imitador del vuelo
y soplaron la Flauta de Buenos Antes.

Así cayó el miedo
a la jaula vacía de proyecto
y encerraron la poesía en campanarios.

En esos días de sótanos y descompañeros,
nosotros palpamos la brújula del trabajo
y reconocimos que no supimos leer
empujones ajenos.

El viento era la palabra para el que no tenía nada.

Tus ciudades nos hablaban
para que llenáramos salas
o cuando comprábamos estampillas.

No sé cuantas aves existen, pero eso no vuela.

Tú esperabas
y ellos actuaban
como si nuestra poesía no sabía escribir harina.
Hubo que aprender a decir pan con distancia.

Escucha, porque deseo contarte lo que es el silencio.
Tú sabes que es justicia porque te lo recuerda la calle.

Nosotros íbamos al monte a escribir cordillera,
comparábamos la uva con copos de nieve
y cantábamos buscando la historia del aire nuevo.

Dije
que ese chiflón era la palabra que no nos pertenecía.

En el invernadero,
declarábamos que te queríamos,
como amamos el olor a isla que nos identifica
y la rosa en el tallo.
Porque estamos rodeados de silencio
y hubo que hacer la diferencia entre progreso,
columnas, hileras, filas, líneas,
cuerdas, correas, cadenas y caravanas.

Existió la muerte y el cortar vidas a tijeretazos.

De un secreto a otro acuerdo.

Así te transformaron los que quemaron libros
y los que incendiaron nuestras postales
para encerrarnos en formularios.

Los copihues eran oscuras estampas
y sabemos que pasó. Existe una guerra
entre países Chile que existen.

El silencio fue de paseo a la vena del encendedor
y al apagón de la facha del espantapájaros.

Hoy envío el fin del nuestro en verso,
para que lo enfrentes a los tuyos.
Porque tejimos un abrigo con el frío
y un par de zapatos con viejos temblores.

Tú condenándonos a repetir y nosotros repitiéndote.

Cuando las puertas no se abren,
las vigas crujen,
el colibrí zigzaguea
y besa los pétalos de otro desierto.

Los mapas son redondas proclamas,
el fuego lengüetea en sus banderas,
los funcionarios presentan sus traducciones,
el largavistas se empaña
y en el ojo se diversifica el dolor.

Pareciera
que el corazón del viento no es repartir la palabra
y que el centro del caracol
es trampa para cangrejos en bandolera.

Donde estamos,
resistimos contra la desinformación
y las Páginas Internacionales.

Aquí, supimos
que los derechos humanos se volvieron loco
y que los presos políticos
recibieron la visita de la araña.
Algo les recuerda regar las flores,
cortar barrotes
y evitar la fina tela
que aún espejea el color de la sangre.

Mientras conversamos, aparecen otros Chile.

El de la Constitución de 1833
El de la presidencialista Constitución de 1925
El de la República Unificada de 1927
El del 11 de septiembre de 1973
El de la Sociedad Anónima de Torturadores
El del autoperdón dictado por los militares en 1978
El del autóctono sin Presidente
El de la Constitución que ordenó Pinochet en 1980
El del reverencial que traga materias primas
El del afán de las Yeguas del Apocalipsis
El del plebiscito que dijo NO al dictador
El de los curvados toros del Opus Dei
El de los albergues de las mujeres golpeadas
El de octubre de 1988 in London
El del gato policial de Heredia
El del territorio boliviano
El país CODEPU
El de la señora Bush visitando La Chascona
o el del Chile sin muelle para La Esmeralda.

Si niego esos países,
desaparece todo lo que esconden.
Si escondo el nuestro,
aparece todo lo que nos niega.
El exilio y esta poudrerie
que carraspean en platos nocturnos.

Una piedra dice ser la palabra que enseña.

Vengan a ver al Chile
desconstruido por el desprecio a la pobreza
y los post gobiernos pasajeros del falso vitalicio,
apuntados por la dignidad
de los hechos ocurridos en el país.

Una nota oficial,
ordena que la poesía
debe ser igual a la moneda vigente
y en esta geografía,
las colas de los saurios se mueven
imitando a los reptiles que hicieron las paces
con insectos y rapaces.

Hay que exigir respeto a más de cuatro álamos.

Esta Avenue Principale,
se parece al callejón del derrumbe
y por las noches,
a los lagrimales de la resistencia encerrada.

Allá, en otro Chile,
en el páramo encontraron
Razones de Estado
y el viento afirma ser la palabra
que se azota en los acantilados.

Protestemos,
en esta ciudad podemos grabar en el noroît
y en la corteza del terrible érable,
algunos nombres que testimonian las Malas Juntas:
Enrique Correa
y toda la Alianza Sonriente del neo Chile Pacificador.

Estamos bien.
En cualquier momento nos sacamos una fotografía
con la idea de retornar a tu tacto,
al gran espacio que no olvida.
Porque hay un Chile en que existe el encuentro.

La denuncia se compone de cuerpos y cabezas.

Abandonaron la grasa de la poesía por figurismo,
autocensuran por efímeras convergencias,
recrean el trueque del cosismo,
acomodan los encuentros de escritores
y entre tantos olvidos,
la belleza de la indignación.

De la diplomacia secreta,
al secreto de los diplomáticos incrustados.

Aquí, en enero 2005. Pablo Romero Muñoz,
una de las hojas del viejo dictador es el cónsul.
Allá, la amnistía que dirige el asedio y ocultismos.

Años para instalar las ventanas de los cielos
Años para detener los peones del descensor
Años para condenar las familias de las cruces
Años para pegar la historia quebrada del sueño
Años para ver la luz de los túmulos vendados

Hoy es el fin del viento contra el viento.

En Montreal,
se construyen raíces que absorban,
que afirmen la tierra,
que adhieran con ojos abiertos a la reflexión

y un poema largo,
que denuncia el servilismo colaborador
de los militantes de la Región Extranjera.

 

El fin del exilio

Tenían que rayar la transparencia de la herida
Tenían que verter cal a los pasaportes con L
Tenían que transmutar la presencia en lo ajeno
Tenían que borrar la diferencia de las huellas
Tenían que silenciar a los viejos caballetes
Tenían que desviar las cartas de las madres
Tenían que esconder las fotos de tanta maleta.

En la región social dispersa,
debíamos aceptar,
que la casa del poeta es museo
e ignorar que confirman su toque de uniforme
a las bocas del mañana.

Y declararon que estamos en Chile,
que la vida era una cuenca,
un viaje a tajo abierto
del que ellos guardan el derecho al royalty.

 


¿Qué es la XIV región de Chile?

Alguien construye las oficinas
de este XIV eslabón.

En un muro las montañas,
en el otro los llanos,
en el tercero la costa,
en el cuarto el desierto,
en el pasillo un sollozo al perseguido
y un saludo
a la bandera sistemática del estado.

A lo largo
de su frente el acantilado del perdón,
a lo angosto
las piedras esparcidas del páramo
y todo un cielo
para ignorantes que se ignoran.

Y cuando se abrirán las grandes puertas,
margaritas.

Tendrán que ver y escuchar las flores,
porque de ellas estamos sembrados.

 


Los Nacionales Unidos de Chile

Estamos en lo que no se puede dejar pasar,
la primera luz, la sombra,
el peldaño en construcción,
la comisión nacional

SOBRE PRISION POLITICA Y TORTURA

Aquí se limita al norte con el cambio mecánico,
al sur con el espejo del perdón escabechado,
al oeste
con el patatí-patatá cívico entre ciudadanos
y al este
con la tarea del membrillo machacado.

De los sombreros sacamos nuestros muertos
De las mangas algunos formularios
Del bolsillo la cámara oral de la sospecha
Del talón nos brota una hilera que denuncia

Y en pasaportes dinámicos
Con imán y carga
Debemos poner el cuerpo.

 

Escuchemos la espera
y destruyamos su fortaleza

Los en París
conversarán de un vino fruté.
Los en Santo Domingo
de canales de malaria.
Los de Berlín
dialogarán de concertación nacional.
Los en Cochabamba
de la recolonización de Haití.
Los de Quebec
del valor del silencio internacional.
Los en Chicago
presentarán emotivos matemáticos
y los de Melbourne del olor a metal.

Los en Europa
dirán la inocencia en el muro,
los de América Central
ventilarán al peumo
y los de camisas gitanas,
que fue terrible la beca rumana
o peor en la Lubumba.

Escuchen a los de la servicial
provincia llamada XIV Región,
ahora adivinando
como obedecer a la filial del mal amor
y a su adolescente libertad.

 


Formulario de registro de residentes

En los hospitales somos lagrimales sin ojos
En el ministerio de la nieve sangre caliente
En la calle carnadas de torres inconclusas
En las preguntas ponchos clavados al horizonte
En otros pómulos pasamos por oscuros latidos
En los blancos el centro de la mira hacia acá
En la enredadera nos piden la firma del guanaco.

En la flor somos la flor En la mano la mano
En las grandes ciudades la puerta chica
En los pequeños sueños la gran utopía
En la redonda noche la resurrección acurrucada
En el deshielo los que escarban la primavera
y en el largo país nunca dejamos de trabajar.

A muchos de estos camélicos, montañas,
llanuras, ríos, playas y a todas nuestras hijas

Chile, puede hoy reclamarles
la empanada sin cuesco de la Tierra.