AFGANISTÁN Y LA CULTURA ISLÁMICA

Publicado en la Página Web del Frente Patriótico Manuel Rodriguez (junio 2002)

Desde los atentados a las Torres Gemelas y el Pentágono, ocurridos el 11 de septiembre del año anterior en las ciudades de Nueva York y Washington respectivamente, el mundo occidental ha incorporado a su vocabulario palabras que tal vez antes jamás imaginó que podrían existir. Términos como talibán, mulah, pashtu, Al Qaeda, Corán, Yihad, Sharia y por supuesto el nombre árabe Osama Bin Laden, son repetidos frecuentemente en las conversaciones acerca de los acontecimientos de guerra que tienen al mundo al borde de la histeria. Lamentablemente, y producto del lenguaje utilizado por los medios de comunicación masivos, que se refieren preferentemente a parte del pueblo afgano o al mundo musulmán como "terroristas", el concepto colectivo de occidente sobre el mundo árabe tiende a ser mayoritariamente un concepto demonizador. A esto también contribuye el desconocimiento general que existe en occidente acerca de la cultura y costumbres de Medio Oriente.

Por lo tanto, es de toda justicia decir que si bien el terrorismo debe ser rechazado en cualquier lugar de la tierra, así como todo fundamentalismo que atente contra las libertades del ser humano, incluido el que practican ciertos sectores de la iglesia católica y cuyas injusticias en nombre de Dios a lo largo de la historia han sobrepasado con creces a los asesinados en los atentados a las Torres Gemelas, el pueblo afgano y el Islam no pueden ser estigmatizados como generadores del terrorismo mundial, el pueblo afgano es heredero de una cultura milenaria que debe ser respetada y reconocida. En su historia, que se ha caracterizado por la sucesión de largas guerras producto de las invasiones a su territorio por parte de imperios y potencias extranjeras (primero fueron turcos, árabes y mongoles; luego ingleses y rusos, hoy son los estadounidenses) también ha dedicado tiempo al desarrollo de las artes. La poesía y artesanía, que incluye, entre otras cosas, alfombras, sedería y orfebrería, son una muestra de su aporte a la cultura islámica. El territorio afgano formó parte del Imperio Persa, primero bajo el control de la dinastía aqueménida y luego de la sasánida hasta que en el año 641 ésta cayó ante el avance de los árabes, que fueron en definitiva quienes introdujeron el Islam en los territorios que iban conquistando. La herencia de los persas en la cultura afgana es profunda, sólo recordemos que uno de los dos idiomas oficiales en Afganistán es el persa (el otro es el pushtu). Además, Persia dejó un inmenso legado literario a través de grandes poetas como Khayam, Nizami, Hafiz o Saadi. Actualmente poetas como Jalili, muerto en el exilio y Madjruh, asesinado, son junto a la escritora Spoimaj Zariab, formada en la Facultad de Letras y en la Escuela de Bellas Artes de Kabul, algunas de las voces más importantes en la literatura afgana.

Spoimaj Zariab, cuenta que la desolación actual de Afganistán y sus ciudades dista mucho del período que abarcó la segunda mitad del siglo XX. En Kabul se podía encontrar todo tipo de libros y las mujeres constituían el 40% del profesorado, lo que demostraba que su nivel intelectual no era menor al de los hombres. También durante la ocupación soviética los escritores no cesaron de producir, y eludiendo la censura lograron publicar a través de la Unión de Escritores Afganos, que realizaba una intensa labor editorial. Tras la llegada del régimen talibán todo cambió radicalmente en el país, especialmente para las mujeres. Zariab expresa que los talibanes "son aprendices religiosos formados en las escuelas coránicas de Pakistán desde su más tierna infancia". Recordemos que Pakistán, Arabia Saudí y los Emiratos Arabes fueron los únicos países que reconocieron al gobierno talibán y paradójicamente tras los atentados de septiembre han sido muy condescendientes con la actitud guerrera del gobierno estadounidense. Una muestra más de la ambigüedad de la política de estos países, cuyo origen debemos buscar –no en la religión- sino en la conformación de sus gobiernos y clases sociales, principalmente en las monarquías petroleras del golfo pérsico, donde predominan las elites enriquecidas y vinculadas al poder. Y Estados Unidos nunca ha tenido ningún tipo de resquemor en respaldar monarquías antidemocráticas cuando de sus intereses económicos se trata. De hecho la gran mayoría empobrecida de los musulmanes, que habitan otras regiones, repudian a los gobiernos del golfo, ya que ven en ellos el respaldo de occidente y no cumplen, además, con el deber que tienen para con los pobres y la Umma (única y gran nación).

Afganistán es un país donde el 99% del pueblo es devoto del Islam, prevaleciendo mayoritariamente la doctrina del sunnismo (tradición) por sobre el chiísmo, de carácter muy antioccidental y fundamentalista. En breves líneas, el sunnismo se basa en la palabra de Mahoma y los cuatro primeros califas, de los cuales los chiítas sólo reconocen a Alí, yerno de Mahoma y rechazan a los tres restantes. Creen que tras la desaparición de la línea directa comenzó la Gran Ocultación, etapa que finalizará con el regreso del imán que se mantiene oculto, única autoridad legítima del islamismo, para traer paz y justicia. Vale destacar el papel que durante la segunda mitad del siglo XIX jugó en Afganistán el activista anticolonialista Djamal ed-Din al Afghaní por cuanto intentó –tal como lo plantea el catedrático Luis Sols Lucía- promover una doctrina islámica depurada de los defectos que acumuló durante siglos.

Respecto a la religión islámica, deriva en gran parte del judaísmo y el cristianismo, conjugándolos con aportes de las culturas de Bizancio y los persas sasánidas, dos civilizaciones que en su época fueron las más desarrolladas. Todo esto, más las tradiciones árabes dan lugar a lo que hoy conocemos como civilización islámica. Civilización que durante la Edad Media fue la de mayor importancia en el aspecto cultural, nutriendo a Europa de muchos conocimientos respecto a la ciencia, matemática, literatura y filosofía.

La religión islámica tiene sus fundamentos en el Corán o Alcorán (del ár. al-qoran, la lectura por excelencia, o recitación), que es un libro que recoge las revelaciones que Alá hizo a Mahoma a través del arcángel Gabriel. Es considerado además una obra maestra de la literatura árabe y musulmana. Se divide en treinta partes y subdivide en 114 capítulos llamados suras, divididas a la vez en versículos (ayat). Está escrito en prosa rimada y el texto que ha llegado hasta nuestros días se debe a una compilación definitiva realizada durante el califato de Otmán alrededor del 650. El Corán y la sunna contienen la Sharia, es decir la ley islámica, que es un modo de ordenamiento religioso, moral, jurídico y político redactado sin orden aparente. Los islámicos lo consideran infalible debido a su origen divino, y en él se expresa "No hay más Dios que Dios; un solo Dios y ningún Dios fuera de Él". Sus sacerdotes son llamados Alfaquí y la plegaria pública Khothbah. El cumplimiento de las normas del Corán deben ser acatadas rigurosamente, destacando entre ellas las cinco oraciones (azalas) diarias, el ayuno, la limosna y la peregrinación a la ciudad sagrada de La Meca por lo menos una vez en la vida si se tienen los recursos para ello. En La Meca se encuentra la gran mezquita Beithuillah o El Haram, que contiene la Kaaba, piedra sagrada. Allí los peregrinos dan siete vueltas entre rezos y plegarias.

El Corán recomienda, entre otras cosas, no beber ni abusar del sexo indiscriminadamente, aunque acepta la poligamia para los hombres y el divorcio. Entre los beduinos, se da algo muy curioso respecto al divorcio, para que éste sea efectivo basta que el marido envie a su esposa de regreso donde su familia junto con un camello de regalo. La mujer también puede separarse buscando refugio en casa de sus padres, pero no será libre hasta que el marido abandonado diga las palabras "enh-ta-lek" (quedas repudiada). Otros aspectos de la ley coránica son las drásticas sanciones para los criminales y las restricciones de los derechos de la mujer, a pesar de que no en todos los países musulmanes éstos fueron transgredidos tan radicalmente como lo hizo el gobiermo talibán contra las mujeres afganas.

El escaso rol social de la mujer musulmana es uno de los aspectos más cuestionados por la cultura occidental. Cabría decir que según el Corán la mujer debe ser protegida, el profesor Luis Sols Lucía lo explica de esta manera: "El texto coránico protege a la mujer frente a los excesos de este modelo prohibiendo el derecho de matar las hijas al nacer, limitando la poligamia y el repudio, reconociendo el derecho de la mujer a la propiedad y a la educación, exigiendo el consentimiento de la mujer para el matrimonio. Estas revelaciones se encuentran en suras –revelaciones de Dios a Mahoma recogidas en el Corán- pertenecientes a la primera época, cuando Mahoma vive en La Meca con su mujer Jadicha y tiene escasos seguidores. Tras la muerte de Jadicha y la huida a Medina las nuevas suras recogen más bien las ideas patriarcales de preeminencia del hombre sobre la mujer. El interés por no dañar la estructura social establecida favoreció que la contradicción se resolviera decidiendo que las suras posteriores prevalecen sobre las primeras".

El Islam ha tenido diversas manifestaciones a través de la historia desde su instauración a principios del siglo VII. Una de ellas fue la impuesta por los talibanes cuando tomaron el poder en Afganistán, lo que de ninguna manera comprometió a todo el pueblo afgano, cansado de guerras y excesos por parte de quienes sólo representan a una minoría de la población. Pero, por otra parte, la inmensa mayoría de los islámicos tampoco está dispuesta a permitir que una nación extranjera ataque alevosamente al pueblo musulmán ya sea éste de tendencia sunnita o chiíta, o de distintos grupos étnicos, esto es un valor que va más allá de una simple solidaridad, asunto que a la mentalidad occidental le cuesta mucho comprender. Aquí toma gran fuerza la Yihad, cuya traducción correcta no es "guerra santa" sino que debe entenderse como "esfuerzo especial a favor del Islam". Un esfuerzo que los musulmanes están en su derecho de llevar adelante cada vez que sean atacados arbitrariamente por Estados Unidos y sus aliados, los que representan a un tipo de fundamentalismo occidental que pretende imponer al mundo su hegemonía en nombre de la moral cristiana y los intereses económicos y políticos propios.

Afganistán y la cultura islámica tienen derecho al sitio que les corresponde en el mundo a la par con las demás culturas. Otra cosa son los gobiernos transitorios y los actos terroristas perpetrados por unos pocos actores, lo importante es la sobrevivencia de una civilización milenaria que también tiene su cuota de sabiduría para aportar a la paz y fraternidad sobre la tierra. En palabras del poeta Omar Kayhan: "Hoy quiero ser feliz; mañana será tarde", y me parece que justamente eso desea la casi totalidad del mundo cristiano y musulmán.

ALEJANDRO LAVQUÉN