80 AÑOS DE LOS "LOS GEMIDOS"

Publicado en "Punto Final" N° 524 (12 de julio del 2002)

Quizá sea el año 1922 el más importante dentro de la poesía y la literatura vanguardista Latinoamericana durante el siglo recién pasado. En aquel año se publicaron libros que, de una u otra manera, ejercerían importante influencia en todo el desarrollo de la poesía de nuestro continente durante el siglo XX. Entre ellos "20 poemas para leer en el tranvía" de Oliverio Girondo; "Trilce" de César Vallejo; "Raíz salvaje" de Juana Ibarbourou y "El jarro de flores" de José Juan Tablada. En el caso de Chile, fue el año en que Gabriela Mistral publica su libro "Desolación" y Pablo de Rokha "Los Gemidos", tal vez el libro de poesía más vanguardista publicado en el idioma castellano. No está demás decir que en 1922 se editan en la lengua inglesa dos libros fundamentales para ella, el "Ulises" de James Joyce y "La tierra baldía" de T.S. Eliot.

Habría que explicar, respecto a los libros citados, que su característica principal era que rompían de algún modo con la manera de escribir practicada hasta la época. Respecto a Los Gemidos, que es el libro que nos convoca, la ruptura fue total y asombrosa, por lo que podríamos llamar el diluvio "cuerdo-demencial" del lenguaje utilizado. El libro fue editado por el propio autor y la leyenda cuenta que tan sólo se vendieron algunos ejemplares, siendo el resto utilizado para envolver carne en el Matadero. Hoy es imposible encontrar un ejemplar de aquella primera edición, sólo podemos acceder a la reedición que Editorial Lom realizó en 1994 como homenaje a los cien años del poeta.

La recepción de la crítica

La crítica fue en su gran mayoría ácida o indiferente ante el libro, aunque algunos críticos y jóvenes poetas de aquel entonces sí valoraron la obra como algo novedoso y lleno de creación original. Uno de ellos fue Pablo Neruda, cuya enemistad posterior con De Rokha llenaría páginas de libros y periódicos. Escribió Neruda, en la revista "Claridad" en diciembre de 1922: "Un impulso hacia la raíz trascendente del hecho, una mirada que escarba y agujerea en el esqueleto de la vida y un lenguaje de humano, de hijo de mujer, un lenguaje exacerbado, casi siempre sabio, de hombre que grita, que gime, que aúlla, ésa es la superficie de Los Gemidos. Más adentro, libres ya de las palabras, de los alaridos y de las blasfemias, sentimos al amador de la vida y de las vidas, azotado por la furia del tiempo, por los límites de las cosas, corroído hasta la médula por la voluntad de querer y por la terrible tristeza de conocer. ¿Continuador del coro trágico? Tal vez. Lejos de la ataraxia de los socráticos, Pablo de Rokha trasluce su sentido de la vida, en una agitación discontinua, que se paraleliza a la de los cantores de Dionysos. Canta a Prometeo, griego de nacimiento, cuando desata su imprecación al católico Satanás. Y su libro entero, es un solo canto, canto de vendaval en marcha que hace caminar con él a las flores y a los excrementos, en una desigual caminata hacia un desconocido Nadir". Otros fueron simplemente lapidarios y pidieron para su autor las penas del infierno. Dijo Alone, el crítico más influyente de la época: "Su libro Los Gemidos constituye uno de los documentos patológicos aparecidos después de la guerra" (...) "Quiere vivir íntegramente delante del lector y hacerle testigo de esas operaciones a las cuales se destinan departamentos secretos en todas las casas". César Bunster expresó lo siguiente: "Pablo de Rokha colecciona expresiones sucias, de pura cepa chilena, que luego da a la publicidad en sus libros y artículos". Raúl Silva Castro expresaba que, en Los Gemidos, "se puede advertir la substancial vulgaridad de sus expresiones y la exageración del mal gusto".

La obra de este poeta estuvo siempre marcada por la polémica, sobre todos sus artículos en la revista "Multitud", de la que fue fundador y director hasta poco tiempo antes de su muerte en 1968. En todo caso, lo que ya no está en discusión, es la importancia de la palabra poética de Pablo de Rokha: bíblica y trágica; épica y política, una poesía que penetra hasta el más hondo sentimiento del ser humano y del ser nacional y latinoamericano en particular, siempre comprometida con la búsqueda de mejores sociedades y felicidad para los habitantes de la tierra, siendo una denuncia permanente de la injusticia. Es a contar de Los Gemidos, cuando en Chile la poesía abre los ojos hacia otras dimensiones. Me parece que una de las definiciones más acertadas de este libro es la del profesor y poeta Naím Nómez, cuando nos dice que él "forma una serie de cantos temáticos cuyo eje estructural es un sujeto capaz de alcanzar el conocimiento de las cosas por intermedio del dolor, antes de desaparecer en la nada" (...) "Los Gemidos son el canto hecho dolor que salva al aedo de la extinción total. En esta imitación divina del hombre, se hace también superhombre, conquistador, revolucionario, héroe".

Los gemidos

La poesía chilena escrita hasta la fecha de publicación de Los Gemidos era una poesía que se mantenía dentro de los márgenes del romanticismo y el modernismo, con una temática donde sobresalía el sentimiento amoroso y el paisaje social sin la desgarradura real que lo atormentaba. Los Gemidos vino a romper con todo eso, incluyendo en el poema, por ejemplo, lo coloquial. Y si antes Carlos Pezoa Véliz ya había recurrido a esta forma de poetizar, en De Rokha se rompen todos los esquemas: "buenos días, buenos días árbol, dije al reventar la mañana...", o como en estos otros versos pertenecientes al poema Yanquilandia (texto en el que así como muestra admiración por algunos personajes, también desata sus ataques más furibundos): "... cuando él le dice: pchs!. .pchs!. .pchs!.. tal que a los perros honestos..." (...) "vienen llegando de las tumbas antiguas, o al je!... je!... je!... de los redondos y escépticos" (...) "situado entre dos grandes premisas: 1,000.000,000.000,000 de dólares y un cañon de cien pulgadas... sin embargo los rotitos de Chile afilando sus corvos modestamente gruñen: y en’ dey pus iñor" (...) "Chicago, la gran urbe dolorosa, plutocrática, socarrona, manufacturera, gruñe lomismo que los cerdos plebeyos: oc!... oc!... oc!...". En el desarrollo del libro nos encontramos con un lenguaje que pasa por diferentes etapas y además ya se percibe lo que será el discurso poético permanente del autor. También sus influencias, donde las lecturas de la Biblia y los clásicos griegos juegan un papel fundamental, lo mismo que autores como Rabelais, Nietzsche, Whitman o los simbolistas franceses y las ideas anarquistas de la época. En los poemas se encuentran personajes bíblicos, cósmicos, patriarcales y populares. Otra característica en toda la obra de De Rokha es su tendencia a asumir la voz de los personajes simples, postergados y discriminados de la sociedad.

Un aspecto fundamental en el libro es el "yo hiperbólico", siempre presente de manera clara y perceptible en los textos, que es a la vez su condición de cantor infinito: "Yo canto, canto sin querer, necesariamente, irremediablemente, fatalmente, al zar de los sucesos, como quien come, bebe o anda y porqué sí; moriría si no cantase, moriría." (...) "cantar, cantar, cantar...- he ahí lo único que sabes Pablo de Rokha" (...) "Los cantos de mi lengua tienen ojos y pies, ojos y pies, músculos, alma, sensaciones, grandiosidad de héroes y pequeñas costumbres modestas...," (...) "rodaré sonando eternamente, como el viejo nidal, como el viejo nidal, como el viejo nidal, como el viejo nidal en donde anidan Todos los gorjeos del mundo!...". La temática es vasta, lo mismo que los personajes. Se va conjugando lo coloquial con el amor, el inevitable canto a la mujer con la analogía popular y cotidiana: "Se parece a la iglesia del Pueblo; el modestísimo olor a gestos rurales, la religiosidad honrada, honrada y honesta que diluye su ateísmo...," (...) "Mujercita al rojo es, mujercita al rojo; caldea el amor sus entrañas adolescentes...,".

También canta a Satanás, imprecándolo, imprecación que en realidad es un reconocimiento a ese otro ser fundamental en la creencia humana. Canta al poeta zarrapastroso, al Epitalamio, donde logra una altura considerable: "Cantando, maduraba mi sexo fúnebre y un sol de cien millones de millones, de millones de años, abuelo de la tierra, abría, abría sobre mi juventud fatal el sentido del mundo..." (...) "oh! Epitalamio, oh! Epitalamio: ya las penas antiguas se me cayeron como muchas hojas secas...". De Rokha asume el ser trágico, el destino del ser humano en cada verso. Da a las cosas características humanas de manera notable, como en estas líneas: "Al sol le duelen, le duelen los huesos, el pobre está resfriado y con reuma; a intervalos se lleva el pañuelo a las narices, estornuda, y se abre a ras de lo infinito...". Al mismo poema al que pertenecen estos versos (Sensación del invierno sobre la Tierra) también pertenecen algunos de los más bellos escritos por De Rokha, como lo son los que inauguran el poema: "Sobre el grande cementerio y las pardas, ruinosas techumbres del mundo, cantan los pianos de la lluvia, los pianos de la lluvia, melancólicos, la antigua canción de las goteras.. .-... El otoño se fue deshojando flores amarillas y puñados de lágrimas".

En Los Gemidos nos encontramos con todas las sensaciones del mundo, sin exclusión. Tan pronto como se le canta al amor, a la revolución o al héroe, también se le canta al estiércol o a la morgue. Pero siempre manteniendo el carácter épico de los sucesos, incluso el de las cosas. Existe incorporación de elementos nuevos como el taxímetro. Se ironiza, se critica el caos burocrático y el cinematógrafo, acusándolo quizá como se acusa hoy a la televisión. En el poema "Égloga" se manifiesta la naturaleza y el campo chileno, vislumbrándose además el lenguaje que usará en libros futuros, en este caso hay una especie de anticipación a "Genio del Pueblo", libro que publicará en 1960 y uno de los más importantes del poeta. El hombre siempre está en movimiento, siempre enfrentando el mundo que lo atosiga, los niños, en Los Gemidos, juegan a la pelota con el universo. Todo es inmenso, la tragedia, la derrota o el triunfo, todo es descomunal, no hay espacio para la flaqueza vil o acobardada. El poema "La ciudad" (un texto muy actual, y representativo de nuestra urbe contemporánea), bien podría haberse publicado como un libro aparte, en él se reflejan todas las vicisitudes de sus habitantes e instituciones descarnadamente, mostrando la realidad muchas veces cruel. Critica a la ciudad porque allí ve al capitalismo en su máxima expresión, De Rokha es un poeta que manifiesta su ideología sin disimulo alguno, se enorgullece de sus ideas libertarias. El último texto del libro es bastante decidor respecto a la posición estética y social que el autor mantendrá durante toda su vida, tal vez el yo poético y su relación con el mundo (y la humanidad) se manifieste aquí como en ningún otro poema: "Andando, platicando, andando con la tierra por los caminos varios, se me caen los gestos de los bolsillos, -atardeciendo olvidé la lengua en la plaza pública...-, no los recojo y ahí quedan, ahí, ahí, como pájaros muertos en la soledad de los mundos, corrompiéndose; el hombre corriente dice: ‘son colillas tristes’, y pasa" (...) "Arañándome los cantos la congoja y el vientre, con las peludas garras siniestras de lo infinito; voy a abortar un mundo; (mis calzoncillos, mis calzoncillos se ríen a carcajadas!...)" (...) "Universo, Universo, ¡cómo nos vamos borrando, Universo, tú y yo, simultáneamente!... ... ...".

ALEJANDRO LAVQUEN