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12 POETAS EN LA TRANSICIÓN

Publicado en Punto Final N° 536 (enero 10. 2003)

En un país donde publicar poesía es una hazaña, sobre todo si se es una persona muy joven, resulta toda una paradoja el manido eslogan: "Chile país de poetas". Las pocas editoriales que editan poesía en nuestro país, muy rara vez se la juegan por un poeta joven, razón por la cual la autoedición es la única alternativa que va quedando a los noveles creadores, además de algunos sellos marginales formados al calor de algún grupo de amigos con espíritu quijotesco. Quizá hoy el mundo estaría peor de lo que está si no fuera por los Quijotes.

La tradición poética de Chile en vez de ser un aliciente para la divulgación de las nuevas voces, al parecer produce un efecto contrario. Las editoriales, revistas y diarios especializados de mayor circulación, sólo difunden los nombres de algunos poetas, destacándolos durante años (lo que no significa que algunos no lo merezcan), como si no fueran naciendo cada cierto tiempo nuevos valores. La vuelta de la "democracia" además de poner en el poder a los mismos (está vez en acuerdo con los militares y sus aliados civiles) que lo ejercían hace tres décadas atrás, trajo a las instancias culturales personeros y escritores que solamente se dedican defender sus influencias en los medios de comunicación y con las autoridades de turno. En este contexto, para ellos, los jóvenes son una competencia, unos adolescentes a los que miran con ciertos aires paternales, que no esconden –muchas veces- otra cosa que sus complejos y envidia. Otro problema permanente es la exagerada centralización existente en nuestro país, donde Santiago, la capital, es el núcleo que concentra todos los asuntos de nuestra nación, literatura incluida. Debido a esto los poetas de provincia sufren una mayor postergación, aunque posean talento de sobra, más aún si son muy jóvenes.

La importancia de la poesía es que dice lo que la historia oficial calla, abre sus puertas al espíritu y es una bofetada a la hipocresía de las sociedades acompasadas con sus autoridades y con quienes ejercen el poder desde las sombras. En Chile, donde la hipocresía y los pacatos abundan e impera una llamada Transición que no es otra cosa que un eufemismo para encubrir los pactos a espaldas del pueblo, que sólo han mantenido la miseria, injusticia y apropiación indebida de las riquezas de la nación por un grupo de privilegiados, es esperanzador saber de poetas jóvenes de gran talento y con una actitud crítica y de cuestionamiento con los acontecimientos de la sociedad en la que habitan. En este artículo, podremos introducirnos –aunque sea de manera breve- en la poética de doce de ellos. Todos nacidos en la convulsionada década de los ochenta, siendo el mayor nacido en 1980 y el menor en 1986, es decir, nada tuvieron que ver en los acontecimientos que llevaron a la "derrota" de la tiranía pinochetista, por lo que su visión de sociedad, de existencia y de convivencia entregada a través de sus textos resulta de gran interés para enterarnos de la opinión de una parte (o quizá de la mayoría) de nuestra juventud, que cada día está más dejada de lado por quienes tienen el deber de impulsarla en su desarrollo futuro. En ocasiones, unos simples versos dicen, y nos dejan, mucho más que un extenso discurso político o ético dictado por alguno de los sabiondos de siempre.

Elisa Rivara (1980) Es una poeta formada en los talleres de poesía del Centro Cultural Balmaceda 1215, lo mismo que Marcela Saldaño (1981). La primera nos lleva a un encuentro con la niñez de manera muy especial y a veces con una ironía que denota cierta tristeza que regresa de algún lugar extraviado en el tiempo, como el caso del poema "Animalito triste": "Estoy entre tubos/ en una habitación verde/ y algo muy adentro/ me convierte en animalito triste/ El eco de los tubos/ golpea lentamente mis zapatos/ Alguien acaricia mi cabeza/ y me estiro/ y me recojo/ tratando de jugar a la niña/ tratando de seguir con mi pie izquierdo/ el ritmo de los tubos". Por su parte, Marcela Saldaño ofrece una poesía donde prima, de cierta manera, la mancomunión entre lo carnal y lo onírico, jugando un papel principal en el desarrollo de su poética, en "Brebaje que de sangre a torrentes logra el brote", nos dice: "Punto cúlmine de la capa de la pirámide, viento/ marea y tiempo. De torrente dulce a sanguíneo/ eres sanador y mortal, prohibido placer,/ plataforma de mi estío, vestido similar a todo." (...) "Los ritos nos maldicen, las preguntas me toman/ como residencia, aún no puedo nombrar el lugar de/ donde emanan mis plegarias. El tiempo absorbe a la multitud,/ no dejo de seguirte, esta casa cae a pedazos".

En la austral Punta Arenas tenemos las voces de Raimundo Nenen (1984) y Rodrigo Urzúa (1984), pertenecientes a un promisorio grupo de jóvenes poetas magallánicos que se plantea ante la sociedad de manera crítica y un tanto anárquica, pero sin perder la lucidez en su pensamiento y tampoco el sentido de identidad con su tierra natal. Raimundo Nenen debe haber sido el primer poeta en referirse en verso sobre la caída de las Torres Gemelas, pues a los minutos de ocurridos los hechos, escribió: "El tío Sam llora/ escoltado por superman, rambo y el soldado universal/ los únicos "defensores de la democracia"/ que han demostrado ser competentes/ ¡si éstos hubieran estado en el lugar de los hechos nada de esto hubiera ocurrido!" (...) "Arde el corazón de Wall Street/ arde el World Trade Center/ aquellas gemelas tan odiosas/ se desmoronan como un castillo de arena/ en el núcleo de un imperio de arena/ un imperio insostenible/ por la propia naturaleza de su construcción" (...) "El pentágono en llamas/ ya lo veo en los titulares: "Atentado terrorista contra la organización terrorista más cruenta/ del mundo"/ debo decirlo, no he visto poesía más hermosa que el pentágono en llamas./ "Ante los ojos de dios todos somos iguales", pero un mito tan antiguo como el de dios ya/ está miope". En tanto, Rodrigo Urzúa, con su peculiar ironía y sentimiento de libertad, nos entrega estos versos del poema "En el nombre del caos": "Qué ganaría un hombre sabio con pedir ayuda al cielo fértil,/ Si de antemano se nos revuelven los nervios en la punta de los ojos./ Y es cierto que la humanidad ha sido llorada eternamente,/ Pero ya es hora de dejar que los milagros nos tomen el pelo" (...) "Hoy se ha vuelto a operar los proverbios con la fe,/ Mientras se sabe que la muerte es un misterio/ De esos que-salen-en-la-tele,/ Mientras se ha aprendido dulcemente a adorar el miedo,/ Mientras el valor de un beso corre a mil por hora,/ Arrojándonos el duro polvo de los encuentros casuales".

Amanda Durán (1982) y Úrsula Starke (1983), son dos poetas de profunda fuerza y convicción en sus postulados, en la primera, si bien prima el compromiso político, no abandona el sentimiento amoroso: "Antiguamente yo amaba con ternura/ la deliciosa confianza de tu abrazo,/ el exquisito cáliz de tu sombra/ las esquinas escondidas de tus manos...,". En su otra faceta nos dice: "Cuando me acuerdo de niña como me acuerdo/ y vuelvo a la bandera roja en la calle/ el helado de piña/ y el compañero generalizado/ que en grito al grito me despertaba,/ cuando camino por general Velázquez/ y reconozco una mancha de sangre en el pavimento/ violenta la memoria me agrede los dieciocho años que tengo". La segunda, nacida en San Bernardo, posee un particularidad que se expresa con un lenguaje que se mece entre la sensualidad y el desenfado, como en los siguientes versos: "Soy la estúpida enamorada/ de la estatua hermafrodita/ la que huye de sus ojos blancos/ con miedo putrefacto" (...) "Sueño con ella/ imagino su sexo puro/ y su lengua tibia en mi boca,/ piernas arácnidas,/ el enorme placer/ de sentir derramándome/ en su abdomen". En el poema "El rojo amanecer de las vidas" quizá representa el sentimiento de toda una generación de jóvenes en nuestro país: "Somos generación de almas sin vida./ Hijos no deseados/ De Dios./ Ni siquiera tuvimos olor a leche/ Nacimos siendo obreros/ Con el color del cansancio en la boca." (...) "Porque hubo que ser padres,/ y tuvimos que ser hijos".

César Contreras (1980), Dámaris Arriagada (1980), Fernanda Sierra (1981), María José Fuentes (1983), Bernardo Andrés González (1986) y Enrique Winter (1982), nos ofrecen temáticas variadas que van desde lo cotidiano hasta la introspección personal y colectiva. Unos versos de César Contreras nos anuncian: "María, Jesús y las serpientes/ Son iguales a los hombres/ Las prostitutas/ Son bellas damas/ Que me aman/ Los santos se embriagan/ De ese veneno maldito" (...) "Bares plagados de ebrios malditos/ Casa quemándose en tremenda orgía/ Esquinas pobladas de vagos/ Parques que albergan a los pecadores" (...) "En el infierno la historia se destruye/ Se corrompe/ Y se mezcla". Dámaris Arriagada nos desnuda su sentimiento y su relación con la palabra en estos versos que pertenecen al poema "Anatomía": "Esta es sólo una poesía escéptica de mí misma./ Nacida en la garganta por ser termino medio y bien/ Equilibrado entre el corazón y el cerebro./ Con piernas largas y elásticas para llegar a los/ Recónditos rincones de mi alma." (...) "Y en su centro una fuente con sabia para la poesía/ Por último pequeños pechos que amamantan/ El despertar de mis tiernos sueños". Fernanda Sierra nos lleva por caminos muchas veces llenos de rabia y soledad, como abandonado a su suerte: "Acá afuera las cosas suelen ser distintas/ Hace frió/ Las miradas te torturan continuamente/ Has llegado al siglo de los salvajes/ De aquellos que no temen/ Acostumbrados a la insolencia" (...) "En el país de los muertos/ Me he colmado de aplomo/ Pero mi carne es más débil/ Que mi juicio/ Me la han saqueado/ Ahora me sumo/ Al pavor de los débiles/ Que han sido enajenados/ como yo". En otros versos, del poema "Sexo y sopa", prima la ironía y la transgresión nocturna de la juventud: "De noche/ Me faltan los cigarros/ Entro en un bar/ Pagan por diversión/ Necesito cigarros, sexo y sopa caliente". María José Fuentes, reacciona con un toque sensual y crítico en las mayoría de sus versos, como los del poema "Sintaxis de Rebelión Oscura": "Parecen espejismos negros/ el suelo pisa la gente a cada paso/ se reúnen como hormigas y comentan la rebelión por celular/ y los billetes suben y bajan su grosor/ quieren hacernos abanicos/ quieren limpiarse el poto/ y en vez de todo eso secan sus lágrimas en ellos". Enrique Winter es un poeta que abarca varias temáticas en su obra, destacándose por su sensibilidad social y una manera muchas veces irónica de mirar la sociedad: "Sentarse en la vereda de un pueblo chico/ es darle un gancho fulminante de box al tiempo,/ y a la erudición, y al capitalismo y a ti". En otros versos nos entrega una poesía muy bien estructurado y profunda a la vez: "Desde mi atajo los lugares retroceden./ Tú y yo somos un soplo vasto y cansando/ de todos nuestros muertos,/ inaudible murmullo./ O la altura del mundo." (...) "Nacimos del desencanto de los hombres de Almagro,/ mi diluviano mar cabía en su saliva/ y tú abarcabas descalza la desnudez de estos senderos".

Finalmente, Bernardo Andrés González, oriundo de Talca, y con apenas dieciséis años, es el más joven de estos poetas, y en él se percibe toda la tradición de la poesía maulina en sus versos. Sin alejarse de aquellos que habitan la gran urbe del país ni perder el apego a la naturaleza silvestre que lo rodea, nos retrata el sentido de la vida en su entorno más florido. En su poema "Encuentro", expresa: "Cuando salgo a recolectar sombras/ por la ladera/ veo árboles más sabios que el silencio,/ montañas como olas/ cubiertas de tierra/ que se apiadaron del valle/ justo antes de romper sobre él./ Veo tantas flores/ que debí pisar,/ hierba libre y ronca,/ riachuelos torpes,/ tantos pájaros perdidos en las nubes/ que hoy es vano ser hombre".

ALEJANDRO LAVQUÉN